Se incrementó tráfico de estupefacientes en menores cantidades

Pese a los golpes contundentes propinados en los últimos meses contra el crimen organizado el tráfico de estupefacientes es uno de los flagelos que más se ha incrementado en las zonas urbanas de ciudades capitales y municipios del territorio Nacional.

Para el caso del departamento de Córdoba, el microtráfico se incrementó debido a los mecanismos utilizados por los jíbaros para transportar la droga camuflada en motocicletas con el fin de evadir la acción de las autoridades policivas.

Las organizaciones del crimen desde hace tiempo cambiaron sus estrategias para la distribución del microtráfico utilizando mulas o jíbaros con las narco motos para transportar sustancias alucinógenas como marihuana, base de coca y bazuco en el interior del tanque de la gasolina y neumáticos del automotor desde regiones del Bajo Cauca Antioqueño, Córdoba y el Urabá Antioqueño y poblaciones intermedias donde existen ollas de distribución de estupefacientes.

Lo grave de todo esto es que esta brecha que ha permeado en instituciones Educativas, Universidades, establecimientos abiertos al público y la sociedad, ya tocó fondo debido a que de acuerdo con la información recopilada en algunos sectores de la ciudad, hay niños, niñas con 12 años de edad y adolescentes, consumiendo la maldita droga que está acabando con la juventud.

Mientras que nuestros niños, niñas y adolescentes se destruyen por la intoxicación de la maldita droga, que además genera prostitución y otros delitos conexos como el hurto a mano armada y homicidios por la disputa de zonas urbanas de influencia de las bandas dedicadas al tráfico de estupefacientes.

Es lamentable, que mientras las autoridades policiales hacen todo el esfuerzo para combatir el microtráfico y aun cuando capturan a estos delincuentes transportando drogas con todas las evidencias y el material probatorio, el juez los beneficie con detención domiciliaria para que continúen delinquiendo al servicio de el crimen organizado.

Ya es hora de que se siente un precedente entre padres de familia, docentes, entidades como Bienestar Familiar, Policía de infancia y adolescencia, sociedad en general y la Institucionalidad en contra de estos criminales que están acabando con nuestros niños, niñas y adolescentes vendiéndoles sustancias alucinógenas para destruir el futuro de las nuevas generaciones que hoy deambulan por las calles perdidos por la maldita droga.

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