Lejos de provocar una unión, el asesinato del poderoso general iraní Qasem Soleimani, muerto en Bagdad por orden de Donald Trump, dividió profundamente al Congreso estadounidense el viernes entre demócratas y republicanos.

La oposición criticó con vehemencia la decisión del presidente republicano de ordenar este ataque sin la aprobación del Congreso, a pesar de que un senador republicano cercano al presidente había sido informado de antemano.

Por el contrario, los líderes republicanos dieron la bienvenida a la operación que mató a Soleimani, emisario de Teherán en asuntos iraquíes, así como a otro líder pro-iraní en Irak.

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«El presidente Trump acaba de arrojar un cartucho de dinamita en un barril de pólvora y le debe una explicación al pueblo estadounidense», reaccionó el exvicepresidente Joe Biden, favorito en los sondeos de las primarias demócratas para desafiar a Trump en las elecciones presidenciales de noviembre.

Por su parte, la presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense, Nancy Pelosi, aseguró que la muerte de Soleimani amenaza con provocar «una peligrosa escalada de la violencia».

El ataque subrayó nuevamente la polarización en el seno del Congreso estadounidense.

El jefe de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, calificó de su lado a Soleimani como un «cerebro terrorista».

McConnell anunció que la Casa Blanca espera poder organizar una sesión informativa para todos los senadores «a principios de la próxima semana».

Como se recordará, Soleimani murió este viernes en un bombardeo estadounidense en Bagdad, que también cobró la vida de Abu Mehdi al Muhandis, con doble nacionalidad iraquí-iraní, y el número dos de las Fuerzas de Movilización Popular o Hashd al Shaabi, una coalición de paramilitares mayoritariamente proiraníes integrados en el Estado iraquí.