Por: Amylkar D. Acosta M.

Como lo avizoró oportunamente el ex presidente de El Cerrejón Guillermo Fonseca “el carbón está en declive y la compañía está sufriendo” y lo que es más grave, estamos “en el lado equivocado del Canal de Panamá” por donde toca transitar para llegar al último reducto de nicho de mercado que le está quedando al carbón, que es el mercado asiático, en donde nuestros carbones no son competitivos por los altos fletes. Y fue más lejos en sus malos presagios, al señalar que estamos ante “una contracción estructural”, advirtiendo además que  “en los próximos 5 años la demanda de carbón del mercado del Atlántico (Europa, Mediterráneo y las Américas) y que es nuestro mercado natural se va a contraer a la mitad”.

Los hechos son tozudos, estamos en presencia de una realidad incontrastable, una reconfiguración del mercado que no favorece los carbones de Colombia. Huelga decir que con la firme decisión de  China, anunciada en la Asamblea de las Naciones Unidas por su Presidente Xi Jinping,  de reducir sus emisiones y de lograr neutralizarlas hacia el 2060 y avanzar en su “revolución verde”, también allá terminarán más pronto que tarde en darle la espalda al carbón. En ello no habrá marcha atrás.

En este contexto y con estos antecedentes no sorprende la decisión tomada por la multinacional Glencor de abandonar sus operaciones, después de haberlas suspendido temporalmente y devolverle el título minero de Calenturitas y La Jagua en el Departamento del Cesar por parte de su filial PRODECO a la Agencia Nacional Minera (ANM), al considerar que “el reinicio de las operaciones mineras no resulta económicamente viable”.

Este hecho, que estuvo antecedido por el cierre de las minas de El hatillo y La francia, en el Paso (Cesar) por parte de la multinacional Colombian Natural Resources (CNR), no es un asunto menor y obliga a encender todas las alarmas, porque no se auguran tiempos mejores para el carbón. Estamos hablando de la tercera empresa productora/exportadora de carbón, participando con el 25%, con 15.3 millones de toneladas en 2019, sólo superada por Drumond y El Cerrejón, de la cual su matriz Glencore posee el 33.3% de participación accionaria.

PRODECO, además, es la segunda empresa en generación de empleo en el Cesar, después de DRUMOND, con 4.500 operadores, de los cuales 1.200 son por contratación directa. Tanto el Departamento, como los municipios de La Jagua y Becerril, que recibieron en el bienio 2019 – 2020 $65.000 millones y $15.000 millones, respectivamente, verán menguados sensiblemente sus ingresos. Su impacto se sentirá también en el resto del país, toda vez que el Sistema General de Regalías (SGR) dejará de recibir $357.000 millones/año, aproximadamente, al tiempo que el fisco nacional verá reducido su recaudo por concepto de impuesto a la renta al no haber lugar a ella.

Hay que ser conscientes de que esta en curso una estampida de las principales empresas carboníferas, de la banca y de los fondos de inversión, que están abandonando  y desinvirtiendo en esta industria y que esto no es algo aislado ni coyuntural. Es muy diciente que los tres socios del consorcio de El Cerrejón, la australiana BHP Billinton, la suiza Glencore y AngloAmerican del Reino Unido están partiendo cobijas con el carbón, desmarcándose del mismo.

La primera de ellas en romper fila, presionada por sus inversionistas, fue la Billinton, la empresa minera más gigante del planeta, para adherirse al Acuerdo de París, al decidir  reconocer el Cambio climático y manifiestar su “renuncia al Carbón”. Además, se retiró de la Asociación Mundial del Carbón por su discrepancia insuperable con respecto a la política a seguir contra el calentamiento global.

Fueron varios los fondos de inversión europeos, los que le sugirieron a la minera angloaustraliana su salida de El Cerrejón. Por su parte Glencore, con sede en Baar (Suiza) resolvió “dar prioridad a sus inversiones para producir materias primas esenciales para la Transición energética”. Y la AngloAmerican no se quedó atrás, a finales del año pasado resolvieron apartarse de las operaciones de carbón térmico tanto en Colombia como en Sudáfrica en 2023, que está a la vuelta de la esquina.

Nada menos que el Fondo soberano noruego, el más poderoso del mundo, receptor de los enormes rendimientos provenientes de los yacimientos de hidrocarburos del país nórdico, vetó las inversiones en Glencore y Angloamerican por su exposición en la industria del carbón. Como si lo anterior fuera poco, el Banco Mundial desde el año pasado cerró todas las lineas de crédito para el financiamiento de proyectos de exploración y explotación de carbón, petróleo y gas. Es claro, entonces, que los bancos y los fondos de inversión están en retirada de las energías de orígen fósil. Estamos, pues, notificados sobre lo que se le viene a Colombia pierna arriba y en consecuencia se deben tomar las acciones y las previsiones para no dejarnos sorprender.

Barranquilla, febrero 27 de 2021

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