Por Ramiro Guzmán Arteaga.

 

 
¡Histórico! el que Timochenko a nombre deº las Farc le haya ofrecido perdón a todas las víctimas del conflicto. ¿Dónde están quienes en verdad son capaces de perdonar? ¿Dónde están los que aferrándose a la Biblia dicen que se debe perdonar, como le enseñó Jesús a Pedro?: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete debes perdonar”.

 

 
Pero hoy cuando Timochenko ofrece perdón, ellos, los seguidores de Jesús, no son capaces de perdonar. Y eso es no ser coherente ni consecuente con su propia fe ni religión, es ser hipócrita, mercaderes e idólatras de la fe. Sin ánimo de tomar una actitud moralizadora ni de adoctrinamiento, la invitación es a que, desde toda esta incertidumbre que envuelve al país, respondan si en verdad están dispuestos a perdonar a Timochenko.

 

 
Y es que el perdón no es simplemente un acto de buena fe, porque si así fuera, también aplicaría aquello de que «de buena fe está plagado el camino que conduce al infierno». El perdón es un acto de reconciliación sincera, objetiva, que se debe demostrar en la práctica. Pero también el perdón debe estar acompañado de la verdad, reparación y la no repetición. Y ese es el reto que ahora la sociedad le impone a las Farc y al Estado colombiano. Sin embargo, el perdón y la demostración de la verdad y la reparación deben ser compartidos en un conflicto en el que la guerrilla y el Estado, con el inocultable apoyo de las Fuerzas Armadas, y en ocasiones con el apoyo del fenómeno paramilitar, cometieron violaciones a los derechos humanos.

 

 

 
El Estado ha violado derechos humanos y ciudadanos desde hace más de medio siglo cuando, con el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, le negó a los campesinos y a la gente humilde, a “los de ruana”, la posibilidad de participar en las decisiones del país, por lo que –desde antes del asesinato de Gaitán- un dirigente campesino conocido como Pedro Antonio Marín (Tirofijo), a quien el Ejército le había matado unas gallinas y unos cerdos en la parcela de su familia, se fue para las selvas y organizó grupos armados de resistencia y autodefensas que luego pasaron a ser las guerrillas de diferentes tendencia ideológicas, entre ellas las Farc, surgidas en respuesta al Frente nacional.

 

 
Los poderosos, sin miramientos de partidos políticos, en su mayoría representados en lo que hoy se conoce como la extrema derecha, camuflados en los distintos gobiernos y partidos, han cometido o permitido toda clase de violaciones y crímenes de lesa humanidad como los del mismo Jorge Eliécer Gaitán, Álvaro Gómez Hurtado, Jaime Pardo Leal, José Antequera, Carlos Pizarro Leon Gomez , Luis Carlos Galán y Jaime Garzón, entre otros. Y también asesinaron sindicalista, campesinos, estudiantes y profesionales. Pero las Farc, también tiene su cuota de responsabilidad en crímenes atroces, cuando a nombre del pueblo, al que siempre dijeron defender, igualmente secuestraron, extorsionaron, mataron, violaron, reclutaron, y cometieron masacres como las de Bojayá.

 

 
Medio siglo después el presidente Santos ha pedido perdón a los colombianos por los crímenes de los gobiernos y ahora otro tanto lo hace Timockenco a nombre de las Farc. Creo que en Colombia no hay una sola familia que no haya sido víctima de la violencia que, durante casi 60 años, nos ha llevado a matarnos los unos a los otros.

 

 

 

 

De modo que llegó la hora de demostrar que somos capaces de perdonar y reconciliarnos. Quienes el domingo votaremos por el SÍ a la confirmación del acuerdo de paz entre el gobierno y las Farc queremos que se inicie un proceso de paz duradera para las generaciones futuras, entendemos que la paz no es solo la confirmación de los acuerdos, que el camino es largo y esta lleno de contradicciones y errores, porque de errores e incertidumbre también está hecha la vida.

 

 

 

 

Quienes votan por él NO no tienen otro argumento distinto al desprestigio del acuerdo diciendo que está mal diseñado. A quienes dicen que no votarán ni por el SÍ ni por el NO, solo hay que decirle que reflexionen y voten, que no sean egoístas con el país, que se sinceren y digan la verdad y que no se escuden en una falsa “neutralidad”, que dejen de estar juzgando a unos y a otros, que no dejen pasar la posibilidad de construir un mejor país.

 

 

 

 

En fin, Colombia está escribiendo una nueva página de su historia y todos tenemos la oportunidad de escribir una palabra a favor o en contra. El país es un laboratorio de paz para la humanidad, en el que pone a prueba su capacidad de perdonar y reparar. Y no me niego de participar en este experimento de paz, por eso votaré.