Por: Ramiro Guzmán Arteaga

 

 
Ganó el No, pero el triunfo también fue el de los medios privados de televisión (RCN y Caracol). La estrategia les resultó, pues manipularon el imaginario colectivo a punta de imágenes de archivos en las que desempolvaban las atrocidades de las Farc para desprestigiar los acuerdos de la Habana. Y lo hicieron en forma tan sistemática y funcional que cualquier televidente desprevenido podría pensar que los noticieros valoraban a las víctimas, cuando lo que hacían era utilizarlas como instrumentos de manipulación mediante la re victimización mediática.

 

 
La manipulación les funcionó con quienes no habían sido víctimas de la violencia, pero no con quienes la habían padecido directamente, porque el dolor era más fuerte que el control mental que sobre ellos pretendían ejercer los noticieros. No de otra manera se explica el por qué en sitios que padecieron la violencia intensamente haya ganado el Sí, mientras que en otros espacios, como los centros urbanos, en los que no se padeció, se impuso el No.

 

 
La manipulación la llevaban a cabo los dos noticieros mediante habilidosas maniobras de edición, pues acudían a imágenes de archivo en las que mostraban las masacres de las Farc y seguidamente hacían preguntas en directo, como esta: “¿votaría usted por el Sí o por el No?”

 

 
Era un mecanismo de manipulación tan sistemático y funcional como perverso, pues las noticias las hacían ver como si fueran producto de un trabajo profesional en el que se contextualizaba con la historia de las víctimas, cuando en verdad era una campaña, invisiblemente camuflada contra el Sí, un juego monstruoso, muy distante de la ética y el buen periodismo.

 

 
Desde luego que esta manipulación no fue el único factor que determinó la pérdida de la aprobación de los acuerdos, que hubo otras razones, pero la propaganda negra, mediática, fue evidente y determinante. Los canales privados han construido un imaginario colectivo perverso en Colombia, un país que vive de emociones, en el que “Caracol te mueve la vida”.

 

 
Si se hiciera un estudio académico, científico, de análisis de contenido de los noticieros de televisión privados, estoy seguro que los resultados serían sorprendentes, pues evidente que en los últimos meses se dedicaron, a punta de imágenes editadas, a manipular emociones y pensamientos en contra del Sí.

 

 
Es que con el lenguaje de las imágenes, el sonido y las palabra, cargadas de adjetivos, RCN y Caracol televisión construyen la verdad que quieren que los televidentes vean, que no siempre es la que más le conviene a la sociedad. Y eso se llama manipulación.

 

 
Si querían contextualizar las noticias pudieron explicar el fenómeno Farc desde los orígenes del conflicto armado en Colombia. O como el producto de una sociedad en descomposición, enferma de injusticias, que también engendra otros monstruos como la corrupción, el narcotráfico, y que genera problemas sociales como la pobreza, la miseria y el abandono. No se esperaba que desconocieran las atrocidades de las Farc, de lo que se trataba era de informar y explicar el origen de los hechos, al menos honestamente y no solo desde dolor de las víctimas.

 

 
El caso de Montería es especial y patológico. ¿Por qué triunfó el No? Es posible que haya muchas explicaciones; pero, a los imaginarios colectivos construidos por los noticieros en contra del Sí, habría que agregarle el del fenómeno paramilitar cuyo fantasma no se ha podido exorcizar por completo del cerebro ni del corazón de muchos monterianos. Es evidente.

 

 
El trabajo conjunto, silencioso y pedagógico de la nueva vertiente del partido Centro Democrático en Córdoba, fue la puntilla final para que muchos monterianos y cordobeses votaran por el NO a los acuerdos pactados en la Habana al considerarlos inapropiados para el país.