Por: J. J. Rubiano
Temo no equivocarme cuando digo que hoy, luego 27 días de paro, el país, nuestro país, se salió de madre, es decir no hay control y pareciera que fuerzas oscuras están interesadas en que la situación no vuelva la normalidad.
Si bien es cierto que los hechos que originaron esta movilización están más que justificados, también lo es el hecho –y hay que reconocerlo- que los desmanes están acabando con la débil y frágil economía de nuestra nación.
Hay que decir que los desmanes no son organizados –como lo quiere hacer ver gobierno- por los jóvenes que están marchando y más bien son espacios que están siendo aprovechados por muy bien organizados grupos al margen de la ley, delincuencia común y hasta infiltrados del mismo estamento con el único fin de desmitificar el valor de la protesta.
Los videos montados en las diferentes redes sociales -que han servido para demostrar las atrocidades que se están cometiendo de lado y lado- demuestran que las protestas son pacíficas casi hasta el fin de las mismas, cuando amparados por la llegada de la noche comienzan a aparecer los desmanes.
Los organizadores del paro parecen no tener el control de los protestantes y así está demostrado.
Los bloqueos que a lo largo y ancho del país superan los 170, en nada benefician a la protesta y antes por el contrario le dan la razón al gobierno, pues se está atentando contra el derecho a la movilidad de los colombianos y afectando otros derechos como el de la salud y la alimentación solo por nombrar algunos de ellos.
Heridos, muertos, desaparecidos de lado y lado no dejan un saldo muy favorable de las protestas en estos días.
Pero si los organizadores del paro se han equivocado, el gobierno del Presidente Duque (si es que él es el presidente), no ha atinado para evitar los desmanes que se han visto, y antes por el contrario ha atizado la hoguera para que las protestas continúen.
Por ejemplo, es un verdadero desacierto que a sabiendas que el comisionado de paz, Miguel Ceballos, ya había renunciado a su cargo -lo hizo el 2 de mayo- lo nombrara como representante del gobierno en el dialogó con los organizadores del paro. Este hecho genera dos lecturas; primero que Duque pensó que las negociaciones serian cortas y segundo que no le está dando el valor que se merecen los negociadores de la protesta.
Otro desacierto, con el cual se hubiera podido evitar toda esta situación en la que está inmerso el país, fue el hecho de haber presentado una reforma tributaria en tiempos de pandemia y que afectaba solamente a los estratos medios y bajos, pero no a la clase pudiente ni el sistema bancario.
Sigo sin entender cómo es posible que después de quince días que el CIHD, hubiese solicitado al gobierno el aval para el ingreso al país de una comisión para verificar la verdad sobre violaciones a los derechos humanos por parte de la fuerza pública (como ha quedado registrado en videos), no se haya pronunciado ni para aceptar o negar esa solicitud.
Y no se entiende teniendo en cuenta que reiteradas ocasiones este mismo gobierno que hoy no se pronuncia frente a esa solicitud, ha hecho ingentes esfuerzos por la vía internacional para que una comisión de ese organismo se le permita el ingreso a la hermana república de Venezuela, para que verifique los excesos de la fuerza pública contra el pueblo venezolano.
Fácil ver la paja en el ojo ajeno, sin ver la viga en el propio.
No ayuda tampoco para la salir de la crisis en la que estamos, que el gobierno no reconozca que sí hay excesos y tenga la gallardía de condenarlos.
Esta situación con el paso de los días se torna más insostenible y sin una luz al final del túnel.
Parecería –y es mi opinión- que el próximo paso del gobierno será el de declarar la conmoción interior y ahí si le estaríamos dando un golpe mortal a nuestra democracia.
Nos amenazaron que si no los apoyábamos nos volveríamos como Venezuela, y hoy tristemente esos mismos que nos intimidaron psicológicamente, nos tienen peor que Venezuela.
Esa, lamentablemente es nuestra realidad