Por: Rafael Ángel Gómez Gómez

No hay nada más desesperante que la impotencia de no poder hacer nada sustancial para resolver o contribuir a la solución de los problemas del país. Mi país Colombia transita en estas horas amargas y aciagas por un camino de espinas y en una turbulencia que la comparo con el 9 de abril de 1948, «EL BOGOTAZO,» cuando miles de compatriotas murieron masacrados en ciudades y campos, la mayoría murieron y nunca se enteraron por qué fue asesinado JORGE ELIÉCER GAITÁN, este país durante décadas no recuperó el rumbo y nos hemos mantenido hasta el día de hoy en estado de guerra permanente, unos días más que otros tranquilos pero siempre tenemos la zozobra que después de esa calma chibcha se viene la andanada. Los sucesos en CALI son gravísimos, una sociedad caleña que ha padecido como Medellín el flagelo del narcotráfico durante décadas y sus consecuencias en todos los niveles y es difícil resumir pero la pobreza extrema en barrios icónicos de la miseria caleña como Siloé para los antioqueños, la comuna 13 o Villa Tina de Pablo Escobar, Nelson Mandela en Cartagena, El Cerro en Montería, al pie de la brigada militar, y no me alcanzaría una columna para enumerar lo de Tumaco, Buenaventura o más bien mala-ventura, el Chocó en general… Qué coincidencia todo esto en poblaciones de mayoría de raza negra; miseria, hambre y violencia es el común denominador, pero que a esto se sume la miopía e ignorancia de una derecha insulsa que todo le resbala, que solo piensa primero en la protección de la propiedad privada y la vida de sus congéneres, pero no se dan cuenta que esos derechos están íntimamente ligados a los derechos de los demás, el derecho a no ver llorar a los hijos muertos de hambre en los arrabales y las favelas donde la gran conquista del día a día es por lo menos llevar para una comida al día, en la Cali que amamos los colombianos ha existido gente buena de la derecha, preocupados por el destino de sus coterráneos, programas como «Cali sin hambre» y otros más son las excepciones a un mal manejo de la inversión social, sumada a la montaña de corruptos y ladrones que se ha robado al Departamento del Valle, el narcotráfico ayudó a pervertir la política o la política pervirtió al narcotráfico, juzguen ustedes los vallunos de antaño que conocen la historia, la hipocresía de la clase política colombiana no tiene nombre.

Señor presidente DUQUE, en estas horas difíciles como lo he sugerido, como un clamor del alma, abra las compuertas del diálogo nacional, reúnase con los innombrables, con los que hoy hacen parte de la otra orilla y no se deje engañar de los que se hacen pasar o llamar SOCIEDAD CIVIL ¿Quién los nombró, quién los eligió? Se sientan a definir el futuro del país sin haber obtenido el respaldo popular, presidente, usted tiene en sus manos la oportunidad histórica con su partido y ojalá con el ex presidente Uribe de sentarse a cambiar el rumbo de este país, los que están en la otra orilla, la izquierda que asesina, que sigue justificando las diferentes formas de lucha, la que auspicia la muerte de servidores públicos, policías, soldados, que son pueblo, el ataque a empresas privadas como CERVALLE, una de las infamias y actos vandálicos más crueles e inhumanos el despedazar animalitos vivos dando a conocer lo peor de la condición humana, esto no es la primavera árabe y ni el mayo de París 68, idílico, con ideas, corrió sangre claro pero no se peló el cobre, ni se trajeron indios del Cauca a sembrar el caos ni se pagaron a manifestantes para que fueran a matar gente inocente, ni se repartió plata para vandalizar, Dios o el Dios o la deidad que usted profese nos proteja, hasta los más ateos miran hacia la inmensidad del espacio y se preguntan qué somos y por qué somos tan crueles, queremos una solución sin las vanidades de sector político alguno, nada de nada, soltemos los lastres del odio, aquí no hay vencidos ni ganadores, los que hoy en los extremos se relamen los labios de la felicidad, también a ellos les puede llegar el dolor a su puerta, la historia, señores dirigentes y ex presidentes, ex guerrilleros, políticos, religiosos, estudiantes, sindicalistas, magisterio, sindicatos, obreros, campesinos y colombianos en general, la historia se escribe segundo a segundo, pensemos un instante cómo queremos que se recuerde a esta nación, a este PAÍS.