Por: Rafael Ángel Gómez Gómez


LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE, ahora más que en ninguna época de nuestra historia, es una necesidad que se convoque, el poder andino siempre se atravesaba para impedir que la constitución de Rafael Nuñez o de 1886 pudiera siquiera ser reformada, una clase política atada a sus privilegios durante más de 150 años después de la gesta libertadora de Bolívar, quedamos a merced de esos, que no pelearon en ninguna batalla, pero que desde los salones y haciendas privadas acabaron con el sueño de Bolívar para poder construir un Estado a su medida y nosotros, el país de MARES Y RÍOS, quedamos a merced de quienes atrincherados en sus riquezas heredadas de España, hicieron la contra revolución. Hoy, después de innumerables guerras civiles, conflictos que nos han desangrado, que han impedido desarrollar nuestro enorme potencial humano, un país con inmensas riquezas naturales, con una posición geográfica envidiable, pero con una oligarquía que hasta genéticamente ha sabido perpetuarse e históricamente amancebada con la Iglesia Católica lograron como lo he dicho en otros artículos imponer un modelo de gobierno y una estructura del Estado de ultra derecha, repito hasta la llegada de los presidentes liberales encabezados por ENRIQUE OLAYA HERRERA, si no estudiamos la historia y le enseñamos a nuestros jóvenes la historia real, seguiremos en este oscurantismo donde se han escondido la guerras civiles y las luchas del pueblo colombiano para parar esta inequidad, la llegada de la constitución del año 91 solo fue un paliativo, una pequeña concesión que casi se le sale de las manos, pero estos OLIGOPOLIOS de la democracia y sus satélites de la oligarquía enquistados en los partidos, logrando sofocar en el Congreso cualquier iniciativa y sino operaba el otro filtro de los poderosos, actuaban LAS ALTAS CORTES, que se convirtieron en los perros guardianes de presa, atornillados a sus cargos como la peor de las sectas, intocables, que desde la orilla de la oligarquía intelectual en las universidades de la plutocracia hacían que esas reformas fueran un fracaso, y así, siguieron corriendo ríos de sangre.

LA GUERRA DE LOS MIL DÍAS, en los inicios del siglo XX, trajo consecuencias enormes al país, miles de muertos, la desolación y hambruna en los campos, el fortalecimiento del poder de los partidos y la Iglesia Católica, la pérdida aún dolorosa de PANAMÁ, ahí entró otro factor de desestabilización regional y fue el papel ya preponderante en el hemisferio de los Estados Unidos de Norteamérica, pero quien prendió las alarmas -y no nos sorprende- fue el visionario más grande que ha dado el mundo americano, SIMÓN BOLÍVAR, en el Congreso ANFICTIÓNICO DE PANAMÁ, planteó la necesidad de una América fuerte para oponerse a la América del Norte o anglosajona, solo basta recordar su máxima premonitoria. Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar de miseria a la América en nombre de la libertad, nuestras tragedias del siglo XX están íntimamente ligadas con los gringos, ¿Pero qué hacer, quedarnos solo en la retórica de recordar la historia y no volver a repetirla? pues es la hora de un nuevo CONTRATO SOCIAL, es la hora de la construcción de una constitución política que nos represente a todos, que suelte los lastres que nos impiden volar, Colombia es país de regiones, no podemos estar subyugados por unas en detrimento de otras, ver Chocó y su vecino rico, Antioquia. Las guerras del hambre ya llegaron, cuando los estudios dicen que se aumentó con la pandemia el número de pobres en Colombia y que más colombianos solo comen dos veces al día, ni qué decir del desempleo rampante, los crímenes de Estado, bandas criminales en aumento, asesinatos de voces populares o líderes sociales, definitivamente hay que canalizar esta gran inconformidad social, la reforma tributaria solo fue el florero de Llorente, el señor Carrasquilla solo un burócrata imbécil, obnubilado por el poder inmenso en sus manos, evadido hasta el extremo, quien lo dijera, de la realidad económica básica de su propio país (docena de huevos a 1.800 pesos) pero la realidad del país y su inconformidad va más allá de la reforma tributaria, se percibía desde las movilizaciones estudiantiles del 2018 y 2019, ahora el bellaco intento de la oligarquía oligopólica de reformar la ley 100 para hacer el gran negociado de la salud, hasta dónde va a llegar la miopía de esta poderosa casta que como en la India, llena de inequidades hoy, la revolución de la muerte, quien parece ser el único demócrata que ataca legalmente a ricos y a pobres, pero nuevamente aflora ahí el tema de los privilegios y las castas, sino abrimos las compuertas pacíficamente para hacer un nuevo contrato social, más justo, incluyente, equitativo, pues no abrá ESMAD, EJÉRCITO NI GUERRILLA, ni nada que tenga más fuerza que el poder del pueblo en la calle, las movilizaciones en el mundo lo han demostrado, la primavera árabe, la primavera checa, Woodstock 68 o el mayo 68 francés, algunos de estos movimientos no lograron los cambios inmediatos pero sembraron las bases para los mismos, ese poder de la gente en la calle pacíficamente, como ha sucedido en la Costa Caribe, no por cobardes sino por inteligentes, nos hemos opuesto a la violencia, esa violencia que azota al interior del país, esa que mató a LUCAS VILLA en Pereira, un joven con esperanzas de paz, nos están matando la esperanza, 75 mil muertos por Covid, cuál es el costo en lo económico y social, como director de unos medios de comunicación y del Diario La Piragua, apoyamos al pueblo en la calle, pero sin violencia, sin vandalismo, sin terrorismo, sin infiltraciones, ni derecha ni de izquierda, sin mentiras, sin máscaras, ahora no es una reforma tributaria, no, se trata de algo más grande, Colombia, se trata de nuestra brújula de navegación democrática hacia el futuro, hagamos la CONSTITUYENTE DE LA PAZ Y NO LA GUERRA.

Próxima entrega: Ideas para un cambio