Por: Rafael Ángel Gómez Gómez

Ese domingo, 21 de febrero de 1988, una mañana fría, brumosa, habíamos establecido ya una ruta del itinerario que teníamos, mientras desayunábamos una deliciosa viuda de bocachico que doña Bety Matheus nos ofrecía de arranque de una gira política arriesgada, atrevida, sin cálculos pero necesaria. El amigo de mi padre, ÓSCAR MADERA HERRERA, era el candidato a la ALCALDÍA DE MONTELÍBANO con más posibilidades de ser elegido en el próximo mes de marzo, hacíamos un último esfuerzo por llegar a la zona donde por última vez GERMÁN GÓMEZ PELÁEZ, mi padre, líder liberal secuestrado por el EJÉRCITO POPULAR DE LIBERACIÓN (guerrilla izquierdista que empezaba a dominar el sur de CÓRDOBA). Mi padre fue asesinato en un simulado rescate con unos soldados conscriptos a quienes los mandaron al matadero y que sumado a la irresponsabilidad de FRANCISCO CARABALLO, líder máximo del EPL en ese entonces, definió la vida de mi padre.

Óscar Madera Herrera, candidato a la Alcaldía de Montelíbano en 1988

Hicimos un recorrido hacia SAN FRANCISCO DEL RAYO, corregimiento de Montelíbano, con unas tierras y paisajes hermosos y esa riqueza y belleza han sido su perdición; almas malditas y podridas han querido históricamente tomar por la fuerza lo que no es de ellos, desarraigando y asesinando a los campesinos. En ese recorrido llegamos a la finca de una familia amiga, de origen antioqueño su apellido, los BETANCUR, ahí charlamos con Rudesindo Betancur (cuyo hijo, por cierto, Jorge Luis Betancur, líder comunal y dirigente deportivo, fue asesinado dentro de su propio hogar) y nos puso al tanto de lo que estaba pasando en la zona y lo que teníamos que enfrentar de ahí en adelante cuando llegáramos al corregimiento de EL PALMAR, el corregimiento que mi padre no pudo nunca inaugurar y del cual él fue su creador como CONCEJAL DE MONTELÍBANO, pero la fatalidad impidió su llegada a la cita con el pueblo, pues sus secuestradores tenían ya decidido su destino.
Después de varios minutos y tomarnos un café, llegamos a la plaza de San Francisco del Rayo, bello nombre que evoca una novela «garciamarquiana»; en la tienda de la plaza, frente a un parapeto de madera y una saliente con techo de palma, estaban unos jóvenes sentados en el corredor contiguo y empezaron a investigar nuestra procedencia entre burlas y amenazas soslayadas, lo cual me irritó y cuando uno de ellos (DIONISIO RÍOS), empezó a decirnos que ahí no querían politiqueros bandidos, que nada íbamos a encontrar, fue muy fuerte el intercambio de palabras, pero al mencionarle que éramos del MOVIMIENTO LIBERAL LA PIRAGUA, que yo era hijo de GERMÁN GÓMEZ PELÁEZ, su rostro palideció, sus ojos se inundaron de lágrimas y hubo un silencio mudo, profundo, los jóvenes callaron como si algo prohibido se hubiese mencionado. Claro, la muerte de mi padre había dejado una huella profunda en esta tierra, ahí a su cuerpo le hizo una autopsia improvisada el joven médico SALOMÓN SAKZUK, el pueblo y sus veredas despidieron el cadáver de mi padre en un recorrido luctuoso, doloroso hasta Montería; esto marcó a unos niños como lo era Dionisio Ríos ese 8 de mayo de 1973. Terminamos haciendo una charla política con una veintena de personas y procedimos luego ir a visitar a la casa grande de la esquina a la mamá de Dionisio, con quien me fundí en largo abrazo y sus lágrimas enjuagaban mi camisa roja, la voz la recobré minutos más tarde saboreando otra taza de café montuno delicioso, después de escuchar sus historias, conocer anécdotas posteriores al asesinato de mi padre y sucesos que ocurrieron en la región, salimos con un pasajero adicional: Dionisio se ofreció a ser nuestro guía -y sí que fue valioso para nuestros propósitos y nuestra seguridad-. Tomamos el río y llegamos en nuestra embarcación o «Jhonson» como las llamamos los RIANEROS (derivación del nombre de los motores marca Jhonson y como sabemos a nuestros campesinos les gusta abreviar o poner sobrenombres), es así que en recorrido extasiado por la belleza y la fauna del río San Jorge llegamos al corregimiento de El Palmar, donde una nutrida comitiva nos esperaba, las mismas caras que esperaban a mi padre para la inaguaracion del corregimiento EL PALMAR y que por designios de la Divina Providencia jamás pudo cumplir con la cita.

Próxima entrega: Reunión en El Palmar y secuestro en Campobello