La muerte de los médicos en Colombia a causa del coronavirus nos conmueve más en estos días donde la incertidumbre frente al futuro agudiza la ansiedad. Pero el personal de salud, los de la famosa “primera línea”, no son solo los galenos. Urge ampliar el espectro.

Por: Laura Clavijo

La cuarentena nacional inició con aplausos desde nuestras ventanas agradeciendo al personal de salud por su valiente labor de cuidarnos y protegernos del contagio del COVID-19. Un mes después, ya son cuatro los médicos que han fallecido tras adquirir coronavirus desempeñando su labor o porque no les es posible aislarse. Pero esos “héroes”, como los han llamado la prensa y el Gobierno, tienen unos colegas que merecen las mismas garantías de protección y el mismo o aún más reconocimiento por la protección de la vida humana. Me refiero a las enfermeras y enfermeros.

En las manos de las enfermeras (nueve de cada 10 son mujeres, según OMS), está la atención, recuperación y cuidado de los enfermos y son quienes están en la batalla inicial, media y final de los pacientes. Y esta labor, bastante subestimada y mal remunerada, demanda una dedicación 24/7 para el monitoreo de las enfermedades de las personas a su cargo. Su desempeño, más que asistencial, se convierte en una entrega y compañía de quienes reposan en una cama hospitalaria.

Al traer esta titánica labor al tratamiento del COVID-19, que requiere rigurosas medidas para atender pacientes positivos, los y las enfermeras son la verdadera “primera línea”. Son quienes, por ejemplo, tienen contacto con todas las secreciones posibles que emana el ser humano y se encargan de recolectarlas (junto con fisioterapeutas y bacteriólogas) y transportarlas. Y, aunque prejuiciosamente, se considera que las tareas y decisiones de las enfermeras están subordinadas a las de los médicos, la labor de enfermería incluye un gran liderazgo en el manejo de los pacientes y especialmente en esta coyuntura. Por ejemplo, los equipos de enfermería han sido los encargados de organizar y distribuir a los pacientes con patologías distintas a COVID-19 en los centros asistenciales de las ciudades, aislando a los casos positivos en uno o dos lugares. También, varias unidades móviles para la atención de posibles casos de coronavirus son organizadas y atendida por enfermeras y fisioterapeutas.

La labor de enfermería en Colombia es odiosa. Las brechas salariales entre médicos y enfermeras son vergonzosas y las formas de contratación y horarios laborales son un irrespeto con las actividades que desempeñan. Incluso, en el sector privado y en ciudades capitales, las enfermeras se enfrentan con sueldos irrisorios que no corresponden con los horarios laborales ni sus funciones. En el sector público, el escenario empeora. Es urgente que el Congreso legisle a favor de estos profesionales y que el Gobierno atienda las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que publicó su informe anual sobre la situación de enfermería en el mundo el pasado 6 de abril e hizo un llamado a los Estados miembros para que aumenten la inversión en educación, mejoren las condiciones de trabajo y fortalezcan el liderazgo de enfermeros y enfermeras, para mejorar sus contribuciones al sistemas de salud.

La labor de los médicos y médicas en Colombia es tan admirable como la del equipo interdisciplinario que se requiere para atender esta emergencia sanitaria, desde el vigilante de la institución, pasando por los camilleros, el área administrativa, las auxiliares, las enfermeras, los médicos, las fisioterapeutas, los nutricionistas, entre otras profesiones que están altamente expuestos a contagiarse. Varios no cuentan con elementos de protección suficientes y tienen condiciones sociales y económicas muy desiguales.

Es momento que la prensa, el Gobierno, los columnistas y los ciudadanos traslademos los homenajes a este escuadrón de profesionales y dejen de invisibilizarlas, o por lo menos, paren de ahondar en los prejuicios de la labor de enfermería.

Pd: Esta columna la escribo con profunda admiración hacia mis familiares que hoy dedican su profesión a atender pacientes con COVID-19 y otras enfermedades que no entraron en cuarentena. Las garantías laborales y de protección son urgentes para ellos y sus equipos de trabajo. Todos los días espero que regresen a casa sin el virus.

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