Por: J.J. Rubiano

Una reforma estructural a la Dirección Nacional de la Policía debe revisar cuatro aspectos que  no se han tenido en cuenta y que imposibilitan avanzar en dicha reforma, ya que se plantean una y otra vez, pero que no se tienen en cuenta a la hora del actuar policial.

De acuerdo con el Representante a la Cámara, el primer aspecto que señala el congresista es que siempre se indica a la opinión pública que existen, “unas pocas manzanas podridas en la institución”. Para Racero, la responsabilidad es del Estado: “Si no se toma en cuenta que es un aspecto institucional, no se va a tomar en serio una verdadera reforma interna”.

El segundo aspecto que induce a analizar Racero, es que para el Gobierno siempre se tienen presente todos los protocolos, los procedimientos y demás acciones en materia de Derechos Humanos en el quehacer de la Policía, pero para el congresista, está visto que una cosa es la documentación y otra, es la acción y es en esta última donde no se cumplen dichos protocolos.

Por otro lado, el congresista afirma que la institución policial considera que “toda protesta es vandalismo”, sin concebir que existen unas necesidades que no está cumpliendo a satisfacción el Estado y el actuar polícivo se ha enfocado en preservar el orden público y no en custodiar a quienes defienden el derecho a la vida digna.

Finalmente, Racero agrega que existe una politización en la Policía, en donde hay una relación intrínseca entre altos mandos de esta institución, con un sector político de extrema derecha del país, en donde la entidad policial termina siendo instrumentalizada en favor de politiqueros que posteriormente determinan el quehacer de la entidad.

De acuerdo con Racero, si estos lineamientos no se llegan a tener en cuenta en una reforma a la institución, se seguirá perdiendo la legitimidad en la Policía Nacional y más adelante se podría entrar en un estado de absoluta desconfianza por parte de la ciudadanía que desencadenaría en mayor violencia.