Estados Unidos y Alemania llevan en conjunto una misión que arrancó esta semana con el fin de calcular los cambios en la masa de agua de la Tierra. Los protagonistas de la misión Grace (siglas en inglés de Gravity Recovery and Climate Experiment) son dos satélites que están reemplazando a otro par que hacía la misma tarea pero que dejaron de funcionar.

Los nuevos satélites recorrerán el globo para detectar las variaciones en la fuerza de gravedad que resultan de los movimientos de masas. Los cambios pueden indicar que el suelo se está abultando debido a lluvias prolongadas o que el hielo se está derritiendo por el cambio climático, por ejemplo.

Los satélites fueron lanzados este martes a bordo de un cohete de SpaceX desde la Base Aérea de Vandenberg en California, EE.UU., y tardarán unas semanas en estar en condiciones para generar información.

¿Cómo hace el dúo de satélites para registrar estos cambios en la masa de agua?
La clave está en la fuerza de gravedad. Cuando el satélite pasa por una región que tiene más o menos masa en sus áreas circundantes, como en una montaña o valle, la atracción gravitacional hará que la sonda se acelere o se mueva despacio, lo que incrementa o disminuye la distancia relativa entre este satélite y el otro, que va por detrás, a unos 220 kms de distancia.

Los satélites registrarán con tal precisión la distancia relativa en distancias de hasta un micrón, es decir, hasta una milésima de milímetro, “esto es el equivalente de un décimo del ancho de un pelo humano en una distancia similar a la que hay entre Los Ángeles y San Diego”, le dijo a la BBC Frank Flechtner, director del proyecto GRACE-FO.

La idea es medir los cambios de gravedad de la Tierra para identificar riesgos como las sequías e inundaciones.

“La pérdida de masa de las plataformas de hielo contribuye al aumento total del nivel del mar. Aunque los polos estén en una zona remota, esta pérdida de masa tendrá un gran impacto en todo el mundo”, señaló Heln Fricker, del Instituto de Oceanografía Scripps.

Cinco años

Los nuevos satélites llevan la misma tecnología para medir la separación entre sí en el par anterior pero ahora cuentan también con un sistema láser. Esto aumentará su precisión en aproximadamente 10 veces. Se estima que la misión, que costó unos US$520 millones, se extienda por al menos cinco años.