El árbol del año

Por: Dr. Omar Gonzales Anaya

 

Dicen algunos campesinos , encabezados por el compae Casiano que el palo más bonito y representativo del departamento de Córdoba y de Montería, es el palo del compae Goyo. Quiero decir, el palo que él tiene en el patio de su rancho, en Mocari, que es un Matarraton. Este humilde e inseparable compañero de Goyo, nació solo, sin muchas pretensiones ni cuidados:

 

Un día el compae Goyo venia del monte y tiro el palito que le servía de garabato para el burro y para limpiar el rastrojo, repito tiró ese palito al patio… a él se le olvidó, le cayeron dos aguaceros y comenzó a retoñar.

 

Así acostado le salieron raicillitas y hojitas. Vinieron los pollos de una gallina y lo pelaron y el ahí; vino una puerca hocicona y volvió a pelar, y el ahí, vino la burra vieja, lo mordisqueó, nuevamente y el palito ahí. Aguanto inclusive los pisones de los muchachos. Hasta que en un descuido de sus depredadores, el cogió fuerza y creció y creció y floreció… y el aire se llenó de huelentina y la vieja pabla encerró a la quinceañera de la casa porqué el matarratón florecido dique alborota el sexo de las mucha. De ahí en adelante el compae Goyo no quiere fiesta con su palo: allá encaramado en la hamaca, mastica sus ramitas y amarra su burro.

 

Sus cogollos son un manjar para sus animales. Sus ramas sirven de sombrero para el sol inclemente de las dos de la tarde; las guayabas, los mangos, y los nísperos se maltratan menos, estos se van huyendo con el humo de sus hojas verdes quemadas.

 

Un garrote de ese arbolito es un arma efectiva contra las alimañas, animales y humanos. Además, a falta de bate, bueno es un matarratón para da un jonrón.

 

El Goyo rodea su parcela con este árbol que le da sombra, alimento a sus animales y leña para el sancocho.

 

Y cuando el curioso del pueblo “santigua” a un niño para sacarle el mal de ojo del cuerpo. Una ramita de matarratón sirve para hacer la señal de la Santa Cruz, ramita que después será colocada en la oreja del curandero para rechazar el maleficio.

 

El compe Goyo dice también que nuestras abuelas tenían tantos hijos porque hacían el amor en camas de matarratón florecido. Enterrado en el mismo suelo del cuarto y que inclusive la cama se elevaba a medida q los cuatros parales de esta crecían y echaban ramas. Y aunque ustedes no lo crean, a falta de papel higiénico en la montaña, después de un apuro intestinal y superior a la tusa, lo mejor es un suave y delicado manojo de tallos de matarratón. Si este arbolito sirve para tantas cosas, a pesar de su humildad. ¿Será que podemos elegirlo como el palo del año?

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