Por: Nelson Castillo Pérez

Lo que el gobierno de los Estados Unidos y el nuevo presidente de Colombia consideran una vil dictadura en Venezuela, a pesar de que su actual presidente, Nicolás Maduro, quiérase o no, fue elegido democráticamente, se ha convertido en un pretexto para proyectar una posible intervención en el vecino país por parte de los Estados Unidos.

Duque ha manifestado que no está de acuerdo con la intervención militar. Se le abona su posición civilizada en este caso. Pero en el fondo no creo que ni a los gringos ni al nuevo presidente de Colombia les duela tanto la situación del pueblo venezolano. Si de lo que se trata es de condolerse frente a la condición humana, con lo que pasa en Colombia basta y sobra.

La situación económica de Venezuela fue utilizada en las pasadas elecciones de Colombia como caballito de batalla por la campaña de Duque. Si para algo ha servido el problema de Venezuela, el doloroso éxodo de muchos de sus habitantes, ha sido para hacer proselitismo político en diferentes países latinoamericanos. En Chile, la población que quiso votar por el candidato de la izquierda en las pasadas elecciones fue asustada con el coco de Venezuela. En Colombia, ni se diga. En México, más de 36 millones de sus habitantes no se tragaron el cuento y decidieron elegir al insistente López Obrador, quien obtuvo la victoria en el tercer intento, al igual que Allende.

Los moralistas del CD que se rasgan las vestiduras porque los excombatientes de las Farc van a ocupar sus curules en el Congreso como resultado de los acuerdos de paz, sin reparar que en sus filas militan otros exguerrilleros, no condenaron en ningún momento que tanto Uribe como Marta Lucía Ramírez y el mismo Duque utilizaran la desgracia de Venezuela como rastrera estrategia de campaña. Un drama social como el que vive la patria de Bolívar es para buscarle una solución política antes que utilizarlo como estrategia en una carrera hacia el poder.

La doble moral es un rasgo que en lo concerniente al gobierno de los Estados Unidos no flaquea. Durante mucho tiempo este país propició, apoyó y sostuvo dictaduras sangrientas en Latinoamérica. Es difícil de creer que la incomodidad que le causa el gobierno de Maduro sea porque sea visto como una dictadura. Los intereses son otros.

Las nuevas generaciones deben saber que el bloqueo económico que aún pesa sobre Cuba no es porque les duela la situación vital que pueda vivir el pueblo cubano, que, por lo demás, ve la vida como el mejor invento que se le haya ocurrido a Dios, aunque muchos de sus habitantes no tengan acceso al Internet ni a los celulares. Hay que ver a los contertulios del Parque Central de La Habana que todas las mañanas se dan cita en sus escaños para discutir de béisbol, para uno convencerse de que son felices en medio de la precariedad. El bloqueo impuesto a Cuba no es otra cosa que un castigo económico porque la tierra de Martí se atrevió a practicar un modelo económico distinto al capitalismo, lo cual no les conviene a los Estados Unidos, algo muy distinto a las relaciones comerciales que ellos establecen con los países del tercer mundo. Pero, sobre todo porque Cuba decidió no dejarse explotar más. El Che Guevara decía que el capitalismo en Estados Unidos no había colapsado porque suple las necesidades de la población con las ganancias que les genera la explotación a los países latinoamericanos.

Una muestra de que a los Estados Unidos no les interesa el sufrimiento del pueblo colombiano se ve en el juzgamiento que sus autoridades judiciales les hacen a los paramilitares extraditados a ese país. No los juzgaron ni los condenaron por el sinnúmero de crímenes atroces que cometieron contra la población civil de este sufrido país, sino por la cantidad de dólares que sacaron de las arcas norteamericanas a través del narcotráfico. La doble moral se convirtió en la principal arma para quienes aman el poder.