Por: Nelson Castillo Pérez

Una educación erigida sobre la base de una sociedad desigual, será ineficaz. La desigualdad hace frágil la educación.

Para aspirar a una educación de calidad, primero hay que solucionar el problema de la desigualdad social.

Educación y sociedad establecen una interacción. Es decir, la educación transforma a los individuos, a la sociedad.

Pero a su vez, esta ejerce influencia en la educación. Emana sus mensajes. Un sistema de símbolos que obstruye el discurso de la educación. Así, una educación será ineficaz en el seno de una sociedad violenta, que lo es por la desigualdad social, por lo injusto. Lo que mide la verdadera calidad de la educación de un país no son las pruebas de Estado, sino el tipo de sociedad que es capaz de construir.

Un modelo económico es al mismo tiempo un modelo pedagógico. Un modelo económico donde pocos son los dueños de los medios de producción y permite la explotación, corrompe la conciencia de los miembros de la sociedad por la carga de injusticia que despide. No hay un factor más corruptor en la sociedad que la injusticia. Una sociedad desigual vuelve a los individuos insolidarios, frente a lo cual es poco lo que puede hacer la educación. Y si esta no es capaz de humanizar a sus afiliados, sus estrategias han fracasado. Una educación de calidad es aquella en la que los educandos se forman con la conciencia de que el objetivo de la educación es el bienestar de la humanidad.

Cuando Aristóteles dijo que el fin último de la educación es la felicidad, quiso decir que el deber del sistema educativo consiste en formar educandos razonables, éticos, capaces de escoger la mejor opción para el bienestar individual y social. La educación tiene que formar ciudadanos felices. A la felicidad se llega mediante las virtudes, que son actos de la razón. La educación forma educandos virtuosos. Toda educación, por lo tanto, no sólo es ideológica, tiene propósitos determinados, sino que también es política. Forma seres políticos.

La educación es una sola. En países como Colombia se necesita agregarle un apellido: educación integral. Con lo cual los expertos en el ramo quieren significar que la educación debe formar tanto en conocimiento como en valores, como si la integridad del ser humano pudiera ser divisible por dos. Una educación verdadera es aquella que introduce en el estudiante la convicción de que el conocimiento conlleva el desarrollo de la humanidad. Un profesional educado dentro de esos parámetros se convierte en un ser honesto para quien lo importante no es el dinero, sino la salud del paciente, en el caso de ejercer la medicina. Para el ingeniero, lo esencial en su vida será construir puentes que no se caigan y carreteras bien trazadas que contribuyan al desarrollo de la sociedad, y no los miles de millones que le puedan quedar si recorta el presupuesto de inversión, porque en una sociedad bien educada el dinero no es lo más importante, la felicidad no se consigue con su poder adquisitivo, sino con las virtudes.

Para tener un concepto definido de educación hay que hundir las fauces de la investigación en los terrenos distantes de los griegos, quienes primero diagnosticaban la realidad a transformar y luego le aplicaban la educación pertinente.