Desde medios de comunicación nacionales que refuerzan malas decisiones del Gobierno Nacional como buenas, hasta etiquetas primitivas utilizadas por el fanatismo político como #uribistacomprauribista, proyectan una superficie áspera e insensible que ataca sobre la ignorancia de muchos colombianos.

Se teje sobre el espectro de la opinión pública un hongo putrefacto que crece indetenible sobre todas las regiones del país con la peligrosa idea de que la derecha es igual al uribismo; llevando a miles de colombianos a creer en falsas anatomías de la realidad sobre lo que es y no es, sobre lo lógico y lo racional, sobre lo sensible y lo humano. Llevando incluso a la misma derecha a creer que está en el lugar correcto incluso sabiendo que están representados por las personas equivocadas. Qué bonito y buen ejemplo para el mundo sería un país donde prime el juego limpio, donde se pueda ganar el poder e imponer las ideas sustentadas en intelectuales a través de la democracia real, a través de la exposición de ideas y la validación electoral, como es el sentido común de la política cuando es sana y no a través de la trampa y la arbitrariedad.

¿Qué espera la derecha para limpiar su buen nombre y sacudirse de la inmundicia del narcotráfico y la corrupción de falsos partidos que sólo representan los intereses de la mafia? ¿Dónde están los intelectuales e ideólogos de la derecha luchando aguerridamente contra la verdadera plaga de la mafia con tentáculos en las drogas, la corrupción y la perversión de la sociedad? ¿Dónde están ustedes políticos ejemplares, genuinos y éticos de la derecha? ¿Les quedó gustando la miel de la mano negra con las tenazas sobre el país?

Tanto es así de crítico el status de antivalores validados como buenos, como correctos, que a pesar de que se conocen más verdades sobre falsos positivos, que a pesar de que se evidencia la cabalgata del narcotráfico impregnando a funcionarios de gobierno; a pesar de todo lo oscuro que salpica a un partido que no se aproxima ni si quiera a los bordes del centro y que se autoproclama “democrático”, dominando las listas de terratenientes en todo el territorio nacional; a pesar de tanta vergüenza de innombrables y cuestionables ocupando cargos públicos, donde ministros nombran a los gerentes de instituciones encargadas de devolver la paz a las víctimas cuando estos han sido hijos y fanáticos de ese falso patriotismo entufado de las masacres del paramilitarismo; donde las entidades encargadas de controlar los malos manejos en entidades de salud pública están a la tarea de repartir sus dividendos entre aquellos que por décadas la han saqueado… Entonces ¿Qué país queremos los colombianos?

Y mientras todo va en picada, y en camino hundir más a Colombia como el país de nadie, los medios son calibrados para decirle a los colombianos que piensen como piensa el narco, que piensen como piensa el traqueto, el “avispado”, que piensen que “bobo el último” y muchas otras formas donde priman los egos individuales y materialistas sobre el bien de la sociedad. Mientras esta realidad se tuerce, pero, además, se vuelve regla y ley, el país cada día recae más en el lugar de los Estados más corruptos del mundo.

Los territorios están reclamando autonomía del centralismo inquisidor del Gobierno Nacional que entiende el poder político no como recurso para solucionar los problemas del país, sino como recurso para poner y quitar al que le da la gana a través de los poderes del Estado viciados por la misma mano negra detrás, moviendo los hilos de sus títeres para lograr cada día más poder.

Ya no importan pandemias en Colombia, ya no importa el hambre de los niños de la Guajira,  ya no importa el atraso de municipios como Pueblo Viejo y Tasajera en el Magdalena, ya no importa que los abuelos del país sean abandonados a su merced por sus propios hijos y que ninguna institución vele por ellos; ya no importa que la gente muera sin dinero en las puertas de clínicas y hospitales porque no tienen el valor en sus bolsillos de un copago o porque la tramitología no les ha permitido estar en una base de datos del SISBÉN, ya no importa las madres cabeza de hogar que no tienen más remedio que salir a las calles a vender sus cuerpos y de paso el de sus propias hijas; en la Colombia traqueta eso es hasta bueno; no importa en el país de la mano negra que la diabetes de millones de colombianos sea negocio de los empresarios de la salud.

Que millones de jóvenes desempleados no encuentren más que hacer que integrarse en los parques de las ciudades a llenar los bolsillos del microtráfico porque eso va a permitir que las fincas de más embajadores sean productivas; YA NO IMPORTA LO QUE IMPORTA, no importa la vida, no importa la sonrisa de un niño recibiendo una educación digna, gratuita y de calidad que permita crear su propio vuelo a través de las alas del progreso; ya no importa que tomemos leche y cereales del país más rico del mundo mientras nuestros campesinos encuentran otras fuentes como la hoja de coca y las filas de grupos al margen de la ley.

Pero ahí siguen las emisoras radiales entrevistando a candidatos para presidencia sobre sus gustos musicales y diciéndole a la gente que todo el que quiere un cambio para salir de este estatus de narcoestado es un enemigo de la patria. ¿La patria de quién? ¿La patria de los que la tienen secuestrada por la ambición y la infamia?

¡ALERTA COLOMBIANOS! Que al que no le guste pues lo sacan.

Fuente: Colombia Opina