En las playas de Cristo Rey, del municipio de Puerto Escondido-Córdoba, una ballena quedó varada el pasado domingo, 21 de febrero, y horas después murió, y generalmente lo que hacen los lugareños cuando esto ocurre, es acercarse al cetáceo para curiosear, sin imaginar el peligro que esto puede significar. 

Según expertos en la materia, el peligro en una ballena muerta radica en que en poco tiempo esta puede explotar, y si tiene personas cerca a su alrededor, podría lesionarlas. 

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Y es que estudios han revelado que en la explosión del cadáver de una ballena pueden salir expelidos decenas de trozos de su cuerpo y órganos pesados, a una velocidad de 70 kilómetros por hora a más de 15 metros de altura. 

La explosión se da porque después de muerta, sus entrañas comienzan a pudrirse y esto a su vez genera gases que se acumulan en bolsas de aire, las cuales de un momento a otro colapsan, y los liberan. Sucede de esa manera porque el peso de este animal cierra sus orificios de nariz y ano, y los gases no consiguen una vía de escape. 

Ahora bien, lo antes expuesto se presenta si la ballena muere en tierra firme, o en aguas poco profundas en donde puedan llegar a curiosear las personas, porque si el cetáceo muere mar adentro, su cuerpo se hunde y allí puede pasar hasta 30 años, mientras tiburones, gusanos y demás especies animales que habitan en el fondo del océano, lo comen. Esto da a las ballenas una utilidad bastante ecológica después de su muerte.