Por: J. J. Rubiano

En una Institución donde todos los días se toman tantas decisiones trascendentales para la vida de los colombianos, la noticia de la partida de James obligó a sus funcionarios a detenerse por un instante en esos otros detalles del día a día legislativo que no se reseñan en proyectos o gacetas.

“¿Acaso no era el perrito negrito y cariñoso que movía siempre su cola al olfatear carros y demás cosas en las zonas de ingreso?”, preguntó Maritza Pardo, funcionaria de Senado.
Sí, y cómo no recordarlo, pues desde el 2017 fue muchas veces de los primeros en dar la bienvenida a trabajadores y visitantes, en los círculos de seguridad de esta Entidad.

Pero James ostentaba no solo el carácter bonachón y amigable de la raza Labrador, también una bonita historia que merece ser compartida tras haberse convertido, en uno de los perros más destacados del esquema de defensa del Congreso a cargo de la Policía Nacional.

El patrullero Erwin Chona Jurado, su guía durante siete años, cuenta cómo desde cachorro James se enroló en la Fuerza Pública: “James empezó su carrera institucional a los tres meses, nació en la Escuela de Guías de Adiestramiento Canino de la Policía Nacional, su mamá era Labradora pero su papá un criollo.

Aunque no era puro, yo me propuse a entrenarlo para demostrar que un perro de extracción criolla también podía ser un canino diestro”.
Lo bautizaron James porque por costumbre en el criadero de la Policía se asigna una letra del alfabeto por cada año para llamar a todos los perros nacidos en ese período. Al año del nacimiento de este can, le correspondía la J y a alguno de los responsables de este criadero se le vino a la mente «James».

Su guía nunca olvidará el día en el que un grupo de caninos pasaba una dura prueba para detectar el olor de un explosivo en medio de una mezcla de aromas dispuesta intencionalmente en un campo con el fin de confundirlos. “Después de varios minutos, ninguno de los 20 perros dio con el olor. Solo James lo hizo y me sentí muy orgulloso”, relató el uniformado.

Apenas estuvo listo como perro detector de sustancias explosivas, partió al Magdalena Medio, a trabajar en seguridad urbana al pie del patrullero Chona. Luego, al sur de Bolívar en erradicación de cultivos ilícitos.

James vivió el peligro de ser blanco de una explosión cada segundo de su estadía en estos territorios, pero cumplió su misión de preservar la vida de los uniformados y de la comunidad como el mejor de los ejemplares destinados a este tipo de labores, gracias a su astucia y su aguda capacidad olfativa.

“Era muy inteligente, desde pequeñito captaba todo, nunca se equivocó ni dio una señal en falso, tuvo siempre la capacidad de asimilar lo que uno le enseñaba”, añadió el guía.
Aunque James sobrevivió sin incidentes extremos a todos los riesgos derivados del conflicto armado en el país, con el tiempo, las duras condiciones en las que se desempeñó le pasaron factura a su salud.

“Cuando estábamos en los Santanderes, le picó una de esas garrapatas que transmiten enfermedades. Al principio no se evidenció, pero luego empezamos a notar un deterioro por una infección en su sangre”, reveló el policía.

Cuando eso ocurrió, ya James estaba prestando sus servicios de canino de seguridad en el Congreso. Recorría con el mismo ánimo y alegría, oficinas, entradas vehiculares, parqueaderos, sótanos y recintos.

Y en sus habituales recorridos por los pasillos de la corporación de marras, cuenta el patrullero, “James detectó un extraño olor en un sobre enviado a un senador. Todos prendimos la alerta, se incrementaron los controles, la protección para el congresista y extremamos medidas. Después, me di cuenta de que yo tenía las manos contaminadas cuando toqué el sobre y no contenía nada peligroso”.

Por este y muchos resultados más, James recibió en febrero de este año la máxima distinción para perros policías, la Medalla al Mérito Canino. James tuvo cuatro recaídas. La última, la más devastadora.

Murió a mediados del mes de marzo con todos los honores que les rinden a los héroes de la Policía que sirven a la Patria. Y tristemente, también con una promesa frustrada de parte de su guía: llevárselo a descansar a su hogar, tras todos estos años de infatigable trabajo al lado de su más fiel compañero.

“Ya yo había diligenciado la documentación para llevármelo en adopción, merecía esa pensión en mi casa con mi familia en Bucaramanga, pero no alcanzó”. Hoy, el Senado y la Policía Nacional agradecen y rinden un homenaje al canino James, al destacar sus logros y al recordarlo como uno de los más ejemplares perros de seguridad del Congreso de la República.