Contrario a lo que pueda imaginarse, el origen de la celebración del Día del Mago no es pagana sino católica. Un sacerdote italiano de nombre Giovanni Melchore Bosco Occhiena, más conocido como Juan Bosco, usó el ilusionismo para que los niños y jóvenes fueran a misa.

Bosco era un sacerdote católico de Castelnuovo, en el norte de Italia, fundador de la obra de los salesianos. Consciente de que para la mayoría de los chicos, asistir a misa no les animaba, Don Bosco pensó que bien valía la pena entretenerlos con sus trucos de magia, si con eso lograba que fueran a la iglesia.

La lista de trucos que se le atribuyen a Don Bosco es prodigiosa:

Sacaba de la boca de un chico 12 bolitas coloradas, cambiaba el agua en vino que luego ofrecía a los espectadores, multiplicaba los huevos de gallina sobre un cesto, macaba palomas del bolso de las señoras, macaba conejos de los sombreros de los espectadores, adivinaba el dinero que llevaban los espectadores en los bolsillos, hacía que su varita mágica volara sobre sus manos y resucitaba un pollo previamente descuartizado.

Ilusionista de calidad, Don Bosco falleció el 31 de enero de 1888. Se le atribuye la frase: «Los ilusionistas llevan al diablo en las manos y a Dios en el corazón». Apenas 46 años después de su muerte fue canonizado por el Papa Pío XI y se convirtió en el Santo Patrono de los magos.