Petro

Petro

Por:  Nelson Castillo

Está claro que no se requiere gozar de una vasta imaginación garciamarquiana para ver en las multas impagables impuestas a Petro un tinte político, infligidas por un contralor de Bogotá adscrito a un grupo político opuesto a su ideología y envuelto, por lo demás, en asuntos judiciales. Se nota, uno lo percibe, un agónico desespero de sus contradictores por inhabilitarlo en el escenario de la política, mandarlo al ostracismo, acabarlo para siempre, flanquearle cualquier tipo de aspiración. No hay dudas de que siempre lo han visto como una piedra en el zapato, a alguien digno de temer. Y con razón: sus debates en el Congreso y sus denuncias han enviado a muchos corruptos a la cárcel.

Hubo el intento ostensible de suspenderle su curul de senador para que no pudiera estar en el debate que se dio en el Congreso sobre el caso Odebrecht. Como una forma de contrarrestarlo, y demolerlo moralmente, sus enemigos políticos más acérrimos exhibieron un video en el que recibía fajos de dinero que luego se sabría eran para financiar su campaña. Los colombianos que ven él un adalid contra la corrupción se entristecieron con aquellas sórdidas imágenes.  

Nadie es totalmente imprescindible en los campos sociales, pero no resulta nada fácil que surja de la noche a la mañana un personaje público tan agudo y valiente como Petro en el escenario político. Porque, no nos digamos mentiras, sus conocimientos no resultan por el arte de birlibirloque. Son el producto de un largo proceso de formación académica, fomentada a partir de una vocación política cuya principal esencia consiste en transformar el mundo en busca de implementar la justicia social.

Petro se ha convertido en un ídolo para una gran mayoría de colombianos que no tienen ni voz ni voto en las decisiones que se toman para construir el destino de este país. Petro dice y hace lo que muchos colombianos quisieran decir y hacer, pero no pueden. Para ello, para decir y hacer lo que la gente admira de él, Petro tiene un discurso lúcido y el valor necesario que se requiere para enfrentarse a las fuerzas más poderosas y peligrosas del país, a riesgo de perder su vida.

Muchos quisieran ser como él, lo que lo convierte en un mito popular de nuestros tiempos. Lo que para sus contradictores es un anatema, haber sido guerrillero, para sus fervientes seguidores constituye un mérito, porque para ellos un guerrillero no es otro que alguien que se levantó en armas contra un estado de cosas que oprime a los más desfavorecidos de la sociedad. 

Aparte de su forma de ser, que le ha valido la enemistad de algunos de sus compañeros de lucha, Petro hace las cosas bien. Es un gran investigador y un elocuente orador con coherencia, capaz de despertar emociones en sus seguidores y odio en sus enemigos. Es incorruptible, pone el dedo en la llaga. Para los colombianos de a pie, Petro no solo es un hombre inteligente que lucha a favor de los pobres, sino que, además, tiene los cojones bien puestos.