Perdono pero no olvido

Perdono pero no olvido

Por: Adolfo José Pastrana Pastrana

Las palabras “perdonar y olvidar” no se encuentran en la biblia. Sin embargo, hay muchísimos versículos que nos ordenan “perdonarnos” (por ejemplo, Mateo 6:14 y Efesios 4:32). Pero más allá del perdón y el olvido, detengámonos en los conceptos más simples, perdonar es restablecer una relación dañada a causa de una ofensa. Ofender es dañar una relación. El daño produce desazón, disgusto, malestar.

Ahora bien; cuando yo perdono no significa que yo haya olvidado, perdono pero no olvido es el decir común, como si el perdón tuviera que ver algo con el olvido. En verdad, son dos realidades diferentes, hasta el punto de que yo puedo perdonar teniendo memoria lúcida de lo que pasó. Perdono cuando mi corazón, cuyo poder es ilimitado, suprime la ofensa que dañó la relación, y lo hago para sentirme bien.

En un país que ha vivido una guerra absurda por más 60 años el Perdón y olvido hacen parte de la vida cotidiana. Palabras que de tanto usarlas terminan no diciendo nada. Perdonar es olvidar, olvidar es perdonar; nadie sabe a qué atenerse. Lo único cierto es que los corazones de los colombianos están llenos de odio, y resentimiento hacia los demás, guardamos odio a los guerrilleros, a los paras, guardamos rencor por los gobernantes corruptos o por que no han sido de nuestra predilección, se nos dificulta olvidar la ofensa del hermano, del vecino o la traición de la novia o pareja sentimental.

El perdón es una decisión no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, eso no significa que hayas olvidado, solo no sentimos más rencor. Perdona, que perdonando tendrás en paz tu alma y la tendrá el que te ofendió. Un hombre perdona la traición de su esposa, no porque quiera volver con ella, el perdona para sentirse bien consigo mismo, tú no perdonas a tu vecino agresor porque quieras tomarte una taza de café con él, simplemente debes hacerlo para sentirte bien y dejar a un lado ese rencor que te aqueja y no te deja vivir en paz.

Cuando uno perdona desde lo más profundo de su alma, limpia las heridas, aleja el sabor amargo que ha quedado y deja vacío ese espacio que ocupaba el rencor o la ofensa para dar cabida a sentimientos y sensaciones más agradables; perdonar nos hace mejores personas. Perdonar implica también entender al otro, su circunstancia, su situación y desde ese entendimiento construir un mejor lazo, un vínculo de mayor empatía. Cuando una persona experimenta el perdón habrá dado un paso importante para llegar a la felicidad.

Mahatma Gandhi fue un activista político como pocos, cuyo ejemplo prácticamente no ha encontrado parangón. Como un pensador consecuente, Gandhi no solo se dedicó a exponer sus ideas, sino que, además, procedió con el ejemplo, llevando una vida pacífica, sencilla y solidaria con los más necesitados de su país, India. Muchas veces sentimos que hemos perdonado, así lo creemos, pero a la hora de volver a arriesgarnos, de volver a confiar, el perdón se desdibuja y nos duele. Perdonar es recordar sin dolor. El profesaba el perdón como “un atributo de los valientes, enfatizando que “el débil nunca puede perdonar”. ¿Has encontrado personas que prefieren vivir en el resentimiento, antes que perdonar a quienes los han ofendido? Gandhi perdonaba a sus perseguidores y tenía el valor de defender sus principios para seguir sus ideales, además insistía en que vengarse contra los que te ofenden no siempre es la mejor solución. La mayoría de las veces la venganza genera más violencia y un problema de nunca acabar. Al respecto, Gandhi reflexionaba: “Seguir la ley del ojo por ojo termina cegando al mundo”.

Por lo anterior debemos concluir que el principio y base de la convivencia pacífica en sociedad es perdonar, inténtalo!