La cultura de la mentira de los dueños de la verdad

La cultura de la mentira de los dueños de la verdad

por: Ramiro Guzmán Arteaga (*)

El conflicto geopolítico originado por la crisis que afronta Venezuela ha dejado al descubierto y confirmado lo dicho en reiteradas ocasiones por teóricos de la comunicación, en el sentido de que cuanto más una persona ve televisión más su visión de la realidad se parece e identifica con la de los dueños de los medios, que por lo general están empotrados con los gobiernos de turno.

La forma en que los canales privados en Colombia transmitieron el intento de penetración de la “ayuda humanitaria” a Venezuela impidió en gran parte tener siquiera una aproximación a lo que podría ser una explicación imparcial y de buena fe del problema, y por tanto una visión de la realidad de los hechos. Independiente de cualquier posición frente a la crisis de Venezuela y sus réplicas y repercusiones a nivel mundial, lo que se evidenció en las noticias transmitidas por los canales RCN y Caracol fue el predominio de noticias sesgadas, torcidas y expuestas en forma oblicua en contra del gobierno que, para bien o para mal y distante de cualquier mirada o modo de pensar, tiene a Nicolás Maduro al frente del país vecino. La transmisión de noticias adjetivadas, etiquetadas y direccionadas, con la justificación de la “ayuda humanitaria”, impidió, y sigue impidiendo, que la opinión pública (léase la gran masa) en Colombia construya una opinión crítica, independiente y reflexiva sobre la realidad del conflicto.

Por eso, es evidente que en sus agendas diarias, esas que se cocinan en los consejos de redacción de los noticieros, los temas tratados busquen, premeditadamente, que las percepciones de la opinión pública se aproximen más al mundo proyectado por esos canales privados, cargados de intereses personales y económicos, que a la realidad objetiva de los hechos, lo cual es, ni más ni menos, la peor forma de mentirle a la sociedad, que da por cierto lo que se les informa a través de imágenes y voces que informan, casi siempre, en forma descontextualizada.

Esta manera de informar está a la vez creando un imaginario colectivo perverso toda vez que está creando una nueva cultura que tiene como soporte la mentira. Por eso, se requiere con urgencia que desde la academia se entre a hacer estudios que demuestren los graves peligros que todo esto significa en el pensamiento colectivo de la sociedad. La televisión es sin duda la mayor fuente de información acompañada de imágenes que comparten los miembros de la sociedad, es el profesor que llega a toda hora a los hogares, y es toda esa generación de padres e hijos la que está asimilando esa cultura de la mentira. Los efectos saltan a la vista en forma inmediata por cuanto se está construyendo en el imaginario colectivo la idea de una solución violenta al problema geopolítico de la hermana República Bolivariana de Venezuela, lo cual es el peor atentado contra los derechos humanos de ambos países. Es hora de que dejemos de estar expuestos a las noticias sistemáticas y reiteradamente parcializadas de los canales privados y empecemos a tomar distancia y mirarlos con sentido crítico.

(*) Comunicador Social-Periodista, Mg, en Educación y docente de la Universidad del Sinú Elías Bechara Zainúm.