Entre el Respeto y la Obediencia

Entre el Respeto y la Obediencia

Adolfo José Pastrana Pastrana

Este es un mundo plagado de una obediencia enfermiza, que tiende a adormecer cada vez más a los pueblos, desde los inicios de la humanidad hasta el punto de sumergirla en el conformismo. Por ello el escritor británico Harold Laski publicó “Los peligros de la obediencia” hace ya 88 años y pareciera que fuese inspirado en los tiempos de hoy, solo basta con leer datos de nuestra historia contemporánea y nos vamos a encontrar Las protestas de la Plaza de Tiananmén de 1989, también conocidas como la masacre de Tiananmén, o las recientes protestas en París del año 2018 en contra del gobierno de Emmanuel Macron, qué decir de los millones de manifestantes brasileños, los “silenciosos” en Turquía y tantos otros grupos y movimientos sociales que intentan cambiar el mundo en que les ha tocado vivir. Soñar con el cambio, es en esencia un acto de desobediencia. La realidad crea tendencia a la inercia, a la permanencia, a la vez que impulsa su propio desgaste y la necesidad de transformación. Por eso, el cambio es consustancial a la existencia misma. Pero las personas tenemos la posibilidad de optar por aferrarnos a la inercia o atender la necesidad de transformación. La obediencia se acepta asumiendo como decisiones propias, las de quien tiene y ejerce la autoridad, esta permite que los demás actúen y sigan fielmente la voluntad del que manda.

Debemos desligar al concepto de obediencia, que ésta no es lo mismo que sumisión, la obediencia no se consigue doblegando la voluntad sino ayudando al desarrollo de la misma, Aclaro esto porque muchas personas tienen una idea equivocada de lo que es la obediencia, lo que suele desembocar en dos resultados: uno de ellos es que intenten conseguir que sus hijos por ejemplo, tengan esa obediencia poco saludable, es decir doblegando su voluntad, lo cual evidentemente no es nada respetuoso. Y la otra que considera la obediencia como algo negativo pues tiende a confundirlo con sumisión y por tanto no quieran que sus hijos sean obedientes. Más sí respetuosos, El Respeto: Es la virtud que nos hace reconocer los derechos y la dignidad de la personas como seres únicos e irrepetibles, el respeto conlleva también una actitud frente a lugares o cosas que representan algo o que tienen una utilidad.

Es importante saber que el Respeto es la base de la buena convivencia de una sociedad y la obediencia es una forma de sumisión de una persona hacia los demás. De ahí el peligro que representa para una sociedad una obediencia desaforada y enfermiza como cité al principio; ésta actualmente la viven los pueblos latinoamericanos con sus gobernantes, pues en un porcentaje muy alto sus gobiernos someten a los ciudadanos a sus conveniencias o a las conveniencia de un líder político o un grupo económico en especial. Y vemos por ejemplo cómo las fuerzas militares obedecen fielmente a un gobierno así los actos que hagan vayan en contra del pueblo, o funcionarios que declaran públicamente que actuaron por que hubo un jefe político que los instó a realizar determinado acto ilícito o de corrupción.

Por otro lado encontramos que, entre los diversos aspectos que contribuyen a lograr una sociedad mejor se encuentra el respeto, que se debe cultivar como una característica positiva en los individuos. Este término define una cualidad que lleva a las persona a aceptar y reconocer el valor de los demás, así como sus derechos. Ah! Pero hasta dónde la sociedad aplica el respeto sin que lleguemos a la obediencia?

Según la columnista Nuvia Mayorga, del diario El Sol de México: El respeto es el principio básico de toda relación humana, de éste emanan la tolerancia, la convivencia armónica, el equilibrio social, nuestra más elevada humanidad; respetar significa reconocer el valor de una diferencia, es aceptar que todo lo humano es importante, el respeto se sustenta en la humildad, en la capacidad de otorgarnos valor a nosotros mismos por nosotros mismos y no en la medida del exterior y es por ello, que en ocasiones imponemos una idea solamente como sustento de nuestra propia valoración, confundiendo que valemos en comparación de algo no en relación a uno mismo. Lo anterior se logra con altura de miras y de madurez. El respeto es un concepto que todos exigimos y que, sin embargo, nosotros mismos no lo observamos.