Condiciones objetivas y subjetivas

Condiciones objetivas y subjetivas

Por: Nelson Castillo

El Papa Francisco conocía de cerca la pobreza. En los barrios escuálidos de Buenos Aires se había conmovido frente a los que nada tienen. Había besado por caridad los pies de los enfermos y de los drogadictos de los suburbios bonarenses. Sabía del dolor humano, de las infinitas quejas de la pobreza. Sabía de la existencia de las dictaduras militares en Latinoamérica, de las atrocidades que fueron capaces de cometer el “Flaco” Videla y su caterva de chafarotes con tal de mantenerse en el poder.

Pero me temo que nunca había imaginado el sufrimiento de los que han nacido y crecido en medio de la violencia, que en Latinoamérica empezó con la llegada de Colón. Mientras escuchaba el vivo testimonio de las víctimas del conflicto armado de Colombia, no espabilaba, anonadado por el espanto. Creo que nunca antes había estado en un país cuya gente necesitara tanto de su misericordia. La ovación de los que salieron a verlo pasar en su papa móvil para percibir su aura y conocer el resplandor de su divinidad, y dejarse tocar por las exhalaciones de su infinita bondad, es la muestra de un país huérfano en el que la razón, hasta ahora, ha fracasado; donde se ve que la política, el arte de hacer feliz a la gente, según los griegos, no le ha dado la suficiente confianza para que se sientan con los pies sobre la tierra. Las aglomeraciones en las avenidas de Bogotá, ciudad en la que aún matan por un celular, y las romerías que se llevaron a cabo para tocarlo o recibir desde lejos la señal de su santa bendición, sin mencionar el entusiasmo con que lo esperaron en Medellín, acaso le hicieron creer que estaba en un país que espera desde hace mucho tiempo la llegada de un redentor que lo rescate del pozo de desconsolada incertidumbre en el que zozobra.

Durante los tantos días que Jorge Mario Bergoglio duró en Colombia –días en los que bregó sin parar en su misión papal–, se dieron las condiciones subjetivas de las que hablaba la doctrina del marxismo (porque las condiciones objetivas están dadas desde hace mucho tiempo) para transformar radicalmente este país. Es decir, logró despertar en la conciencia de muchos colombianos de distintos estratos sociales la necesidad de vivir en un país menos tormentoso. Un país que permita la reconciliación y la paz necesarias para vivir en concordia y soñar a las anchas con un porvenir menos cruel, aunque un año antes la mayoría de sus votantes hubiera votado en contra de los Acuerdos de Paz firmados por el gobierno colombiano y las guerrillas de las Farc, sobre todo por el cese bilateral del fuego.

Tales condiciones subjetivas las despertó el papa Francisco mediante sentencias precisas, sabias, como las que predica en los congresos políticos Pepe Mujica. Sin embargo, un año después, en las elecciones presidenciales de 2018, la mayoría de esos feligreses que clamaron de rodillas misericordia ante el Papa votó por el candidato adscrito a un partido cuyos miembros no descansarán de veras hasta hacer trizas los Acuerdos de Paz.