Nuestra Costa Caribe en la historia

Nuestra Costa Caribe en la historia

Por: Antonio Sánchez Charry

Muchos habitantes del viejo departamento de Bolívar conocieron ampliamente la historia de su región gracias a las profundas investigaciones adelantadas por el educador, profesor universitario, biógrafo e historiador Gabriel Porras Troconis, autor de numerosas obras entre las que se destacan “Campaña por la Libertad de Cartagena de Indias”, “Documental de la Independencia de Cartagena”, “Monográfica Histórica de Cartagena”, “Gesta Bolivariana”, y “La Magna Epopeya de Cartagena”, entre otras. Nacido en Cartagena el 18 de marzo de 1880 y fallecido el 21 de enero de 1978, casado con Doña Manuela Porras, con quien tuvo numerosos hijos.

Con un estilo sencillo y singular relata los más dramáticos e interesantes episodios que se sucedieron desde aquel momento en que Rodrigo de Bastidas, acompañado por Don Juan de la Cosa, descubre la bahía de Cartagena, hasta el año de 1830, cuando por cuarta vez llega a la ciudad el libertador Simón Bolívar, a su paso para la ciudad de Santa Marta, pernoctando en su casa del Pie de la Popa en donde conoce la noticia sobre la muerte de su amigo el General Antonio José de Sucre, en los montes de Marruecos.

Luego de Bastidas pasaron por la bahía Alonso Niño, Luis y Cristóbal Guerra, pero fue Juan de la Cosa quien bautiza la bahía con el nombre de Cartagena, según documento presentado a Isabel, reina de Castilla. Años más tarde regresó Ojeda en compañía de Diego de Nicuesa, que, junto con el gran marino y cartógrafo, Juan de la Cosa, tratan de adentrarse en zona montañosa, en donde son atacados por los indios Caribe, perdiendo la vida Juan de la Cosa. Ojeda prosigue su viaje por el mar hasta llegar a la costa oriental del golfo de Urabá, cercano al istmo de Panamá.

El primero en solicitar el gobierno del puerto y bahía de Cartagena fue Gonzalo Fernández de Oviedo y Garcés, pero luego desistió al ser aprobada su solicitud. Fue entonces cuando el gobierno se lo entrega al madrileño don Pedro de Heredia, quien el 15 de agosto de 1532, firma las capitulaciones por las cuales se le otorga la gobernación del
territorio comprendido “desde el río grande que está entre la provincia de Santa Marta e Cartagena hasta el río grande que está en el golfo de Urabá”. Salió con sus hombres del puerto de Sanlúcar de Barrameda el 29 de septiembre de 1532, rumbo al Nuevo Mundo. Hizo escala en Las Canarias, San Juan de Puerto Rico, Isla Española y Santa Marta hasta penetrar por bocagrande a la bahía de Cartagena, la tarde del 13 de enero de 1533. Los indígenas se mostraron agresivos. Al amanecer desembarcaron avanzando hasta el cercano caserío indígena de Calamarí en donde sólo hallaron a un indio viejo llamado Corinche. Allí se celebró la primera misa, que estuvo a cargo del sacerdote Clemente Mariana. Más adelante chocaron con los indios Turbacos a los cuales vencieron.

Llegados los “días veinte del mes nombrado del Bifronte Juno”, como reza Castellanos, Heredia, cumpliendo las formalidades usuales y determinadas por las cédulas reales, lleva a cabo la fundación de la que más tarde recibiría el nombre de Calamarí. Dice Fray Oviedo que ese nombre se cambió por mandato expreso de Heredia por el de Cartagena el 1° de junio del mismo año y eso debió de ser así, más no que en tal fecha se hubiese efectuado la fundación.

La belleza de la posición topográfica, el paso de los navíos que para España partían de Nombre de Dios y la abundancia del oro hallado en su territorio produjeron un rápido desarrollo y una gran población de la naciente ciudad, a lo cual contribuyó la llegada de las primeras mujeres españolas que dieron calor y fantasía a los hogares.

Cartagena en esos momentos ya se encontraba de cara a un porvenir promisorio. Viendo el emperador el auge de la nueva ciudad, solicitó al Papa, por mediación de su embajador en Roma, Márquez de Cifuentes, la creación de un obispado, siendo nombrado Fray Tomás de Toro. El segundo obispo de Cartagena fue Fray Jerónimo de Loayza, hermano del Cardenal Don García de Loayza, confesor del Rey.

Por estas tierras el oro se hallaba a manos llenas. No sólo en la hermosa isla de Codega (Tierrabomba), sino en Cipacúa, más allá en los feudos del cacique de Mahates (no el que está a orillas del canal del Dique), hasta en las tierras regadas por el río “Cenú”, hoy rió Sinú, el oro se hallaba en abundancia y los soldados veían repletas sus bolsas del codiciado metal. En Cartagena se dilapidaba el oro en las mesas de juegos; las telas lujosas eran lucidas por las mujeres, la población crecía con nuevos bohíos. Cartagena era una ciudad rica y su riqueza despertó la codicia de los ladrones de los mares que pululaban por las islas y por las costas a la caza de galeones peninsulares que transportaban las fabulosas riquezas. En la noche del 24 de julio de 1544 penetraron los piratas en la bahía y despertaron a los habitantes de Cartagena descargando sus culebrinas y entrando en tropel por las calles y saqueando la ciudad. El asalto fue proyectado por el piloto, que concitó al capitán Roberto Baal u O’vall, para que cayese sobre la descuidada ciudad, precisamente el día del matrimonio del Capitán Mosquera con la sobrina del gobernador Heredia. Heredia no pudo resistir y tuvo que huir a la zona de manglares. Los asaltantes barrieron con todo el oro, joyas, prendas de vestir y otros objetos de valor. Abordaron sus naves y victoriosos se dieron a la mar.

16 años después el gobernador Juan de Bustos fue avisado de la aproximación de los piratas Martín Cote y Juan (a) “Buen Tiempo”, con 7 grandes navíos y mil tripulantes de desembarco. La plaza de Cartagena se preparó. Aún no contaba con ningún baluarte, solo con la ayuda de sus habitantes y del cacique de Codega. Estos hechos acontecieron en abril de 1560. La batalla fue muy reñida, siendo abatido el pirata Juan. los defensores de Cartagena tuvieron que darse a la fuga pues no contaban con armas adecuadas para enfrentar a los piratas quienes saquearon la ciudad. Al año siguiente reaparecen los filibusteros pero en esta ocasión el gobernador Bustos, auxiliado por el licenciado Melchor Pérez de Arteaga, oidor de la Audiencia, visitaba la ciudad, con navíos y tropas de tierra, lograron cerrar el paso a Cote y sus asaltantes.

Nuevamente los piratas vuelven a amenazar a Cartagena en 1564. En el mes de julio el famoso corsario Jhon Hawkins, más conocido como “Juan de Acle”, fue avistado en el puerto comandando 11 navíos, desplegando banderas de paz, pero el gobernador Martín de las Salas le niega la petición para abrir una feria de mercancías. El pirata procede a disparar sobre la ciudad, pero le responden desde el pequeño fuerte de Boquerón, ya existente. Juan de Acle desiste de sus propósitos y abandona la bahía huyendo con rumbo desconocido.

En el año de 1616 un filibustero francés apellido Namburg, acompañado por el flamenco Juan Nicolás tomaron varias embarcaciones en las costas cercanas. El gobernador García organizó su persecución y con una pequeña escuadra recorrió todo el litoral sin hallarlos. Por fin al sur de la bahía de Cuba, en la bahía de Caimito dio con ellos, los atacó y los venció, despojándolos de las mercancías robadas y ahorcando a varios, regresando triunfante a Cartagena. Más tarde la ciudad recibiría el título de “Heroica Muy noble y muy leal ciudad”.

En 1586 Cartagena fue atacada y tomada por el pirata inglés Francis Drake, favorecido por la reina de Inglaterra, el 9 de febrero, miércoles de cenizas se presentó en Cartagena. Era gobernador para entonces Don Pedro Fernández de Bustos. Las fuerzas cartageneras no soportaron el poder del enemigo. Las tropas y el pueblo defendieron la ciudad pero finalmente huyeron hacia Turbaco. Las autoridades tuvieron que pagar un alto rescate para que no fueran abatidas las edificaciones públicas y para no incendiar la ciudad. Se llevó drake casi medio millón en oro. El 11 de abril reembarcó sus tropas y abandonó la bahía. (Continuará).