Construvida: Una fundación llena de amor y esperanza para las comunidades más necesitadas de Montería

Construvida: Una fundación llena de amor y esperanza para las comunidades más necesitadas de Montería

El barrio El Dorado, que pertenece a la comuna dos de la ciudad de Montería, adolece de múltiples problemas que aquejan a todos los sectores de la margen izquierda, sobre este punto ya se ha escrito y denunciado hasta la saciedad. Sin embargo, en esta ocasión, no hablaremos de tales problemas: alcantarillado, calles, inseguridad, como generalmente ocurre en los sectores de los estratos 1, 2, 3 de nuestra capital.

Ahora el turno es para las personas que realmente trabajan en pro de sus congéneres llevando esperanza, sin tener el ánimo de lucrarse por la labor social envidiable y ejemplar que cumplen en beneficio de sectores y familias las cuales se encuentran en situación de vulnerabilidad por falta de políticas de bienestar de parte del Estado.

Esta historia parece enmarcada en un cuento propio de hadas madrinas protectoras. Se inicia justo en el momento en que un grupo de mujeres pertenecientes a una misma familia se dieron a la labor de ayudar, única y exclusivamente con la intención de servir a su prójimo solo con el corazón lleno de amor, y a pesar de ser víctimas del desplazamiento forzado por los grupos armados ilegales. Momentos en los cuales sus vidas corrieron peligro. Así que estas madres dejaron sus tierras, sus ilusiones, su futuro, y esperanzas, para enfrentarse a una ciudad donde las plantas y el verde de las praderas son ahora de gris cemento.

Generalmente estas personas desarraigadas de su terruño llegan a la ciudad a establecerse en los barrios de extrema pobreza, puesto que solo llegan con lo que traen puesto y obviamente lo único que desean es empezar una nueva vida, una vida sin posibilidad de un futuro prometedor. Este es el caso de la familia Barazarte, la cual se estableció en el barrio El Dorado.

Después de pasar el tiempo, luego de que el jefe de la familia y su esposa hicieran una labor social de emprendimiento con las comunidades más necesitadas de muchos sectores de la ciudad, dejando un camino lleno de oportunidades y buena gestión, llegó una nueva generación que les copió a sus padres esa vena de servir y sentir en carne propia lo que es vivir en condiciones de vulnerabilidad, y desde ese momento se les ocurrió la idea de seguir el legado de servicio y altruismo.

Todo empezó cuando en una campaña social en el Colegio de Villa Margarita se encuentran con un niño en condiciones lamentables de hambre, y les tocó el corazón a las organizadoras del evento, desde ese momento pensaron en hacer una Fundación en pro de las necesidades básicas de la niñez, tales como una buena alimentación. Así, de una vez, organizaron papeles y legalizaron lo que hoy se llama Fundación Construvida.
La visión de la Fundación a futuro es convertirse en la institución sin ánimo de lucro que más comedores comunitarios y escolares se den en el Departamento de Córdoba, y su misión es servir y mejorar la calidad de vida de las personas más necesitadas. Esta entidad está conformadas por 5 madres comunitarias y 8 personas voluntarias.

La sede de esta Fundación sólo tiene quizás 9 metros cuadrados donde tienen un computador, tres mesas donde hacen las manualidades los niños y jóvenes que la integran, para así elaborar manillas, llaveros y muchos souvenirs en artesanías para salir a venderlos, y de esta manera recaudar algo de dinero para el desplazamiento y refrigerios para las diferentes actividades sociales que ejecutan cada semana.

Los recursos para ejercer esta labor tan humanitaria no provienen de ninguna entidad del estado, ni mucho menos de grandes contratos ficticios que terminan en las chequeras y engrosando los bolsillos de los representantes legales de fundaciones de garaje. La actividad que ejerce esta Fundación brinda amor y esperanza para los jóvenes, niños, adultos mayores y personas que están en extrema pobreza. Sólo los mueve, en primer lugar, la indolencia del Estado frente a los problemas que afrontan la mayoría de personas de los estratos bajos. Segundo: tener sensibilidad por las tragedias de los otros. Tercero: la convicción del servicio sin esperar nada a cambio.

Estas madres de familia son un vivo ejemplo de entrega y trabajo en comunidad, al servicio de comunidades atropelladas por la pobreza, y de una manera directa le dan una bofetada al gobierno y a las entidades que se hacen llamar “Fundaciones para el servicio de los más necesitados”, sacando de las mangas de la camisa proyectos sobre las enfermedades como la Hemofilia, el Sida, síndrome de Dawn, entre otras, y terminan robándose miles y miles de millones de pesos y a la final terminan involucrados en el delito de detrimento patrimonial al Estado y la desviación de recursos.

Esta Fundación Construvida es un claro ejemplo de trabajo, demostrando que no se necesitan grandes recursos, sino que simplemente con gestión y la ayuda de la comunidad se pueden hacer grandes cosas. Por otro lado ha demostrado que sin la ayuda del estado realizan sus actividades solo con la caridad de muchas personas de buen corazón y el auto sostenimiento a través de las manufactura que realizan ellos mismos.

Otra clara evidencia de gestión que nos dan estas cinco madres comunitarias es que no se necesita tener un edificio de 3 y 4 pisos, llenos de escritorios y computadores, para brindar solidaridad. Sólo con un cuartico de 3×3 metros se pueden hacer actividades lúdicas recreativas, incluso de aprendizaje como es el caso de los niños que han aprendido a manufacturar las manillas y llaveros en esta fundación. En una mesa y 5 sillas ellos se sientan durante horas a tejer y elaborar su propio auto sostenimiento.

También existen dentro de la Fundación grupos de baile de todo tipo, folclóricos como el bullerengue , la cumbia, salsa, y la popular música Champeta, este grupo está dirigido por una joven estudiante de bachillerato que decidió poner su conocimiento de danza en los niños de la Fundación sin ningún tipo de retribución económica. Por otro lado, también hay un grupo de música vallenata que está conformado por menores de edad, entre los 8 y 15 años, que armaron su conjunto solo con caja, y guacharaca porque no tienen los recursos necesarios para comprar un acordeón, pero hay que destacar el esfuerzo de esto jovencitos cuando se presentan en los diferentes colegios del sector brindando alegría a otros niños.

La solidaridad de las personas del barrio El Dorado con esta Fundación es de admirar. Cada miembro de la comunidad atiende el llamado cuando de dar se trata. Destacamos el caso de una señora humilde que presta su sala cada vez que tienen almuerzos comunitarios con los niños, ella cada sábado recoge sus muebles y televisor, los mete en el cuarto y presta el salón para las diferentes actividades que se realizan en pro de la niñez y el adulto mayor.

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Tener sensibilidad con los demás, muchas veces, nos cuesta a muchas personas, pero en el caso de los comerciantes del barrio El Dorado eso no les trasnocha, ellos sí son un pilar fundamental que contribuye para que esta gestión social salga adelante en beneficio de la comunidad. Los tenderos, cada vez que se necesitan productos de la canasta familiar, salen a brindarlos de su propio negocio. Entre ellos reúnen el arroz, el plátano ,la yuca, granos, víveres, verduras, refrescos, entre otros productos y sin poner peros los entregan a la fundación para que nunca le falte la comida al comedor comunitario. Así, de la misma manera, ocurre con los negocios de misceláneas y almacenes, cada vez que hay una fecha importante como el día de la madre, del padre. Ahí entregan regalos para la celebración.

Toda esta gestión por parte de una comunidad marginada pero entregada al servicio del otro debiera de darnos una enseñanza: no se necesita recaudar ingentes cantidades de dinero para realizar actividades en pro de los más sufridos. Aquí hay un ejemplo concreto de economía y austeridad: en un evento que realizó Construvida para un almuerzo comunitario para 150 personas sólo se gastaron 450 mil pesos, y dicen que fue un almuerzo con todo.

Gracias a la donación de los negocios del mercadito del sur y de otras personas de buena voluntad.

Pero si estos 150 almuerzos lo llevamos a fundaciones de garaje que mantienen comedores similares, seguramente el costo sería de varios millones de pesos. Esto da qué pensar y analizar. La gestión de 5 madres de familias que no tienen ni casa, carros de alta gama, ni mucho menos chequeras en el banco, es de aquí a la luna más meritoria que la que hacen entidades a las cuales les pasan un barniz de fachada benefactora, pero cuya única intención solo es enriquecerse a costa de las necesidades de los pobres.,

Esta es la directiva que conforma La Fundación Construvida: Luz Yamina Barazarte, Directora Fundación seccional Montería. Tatiana Guzmán, Secretaria, Omar Arteaga Estrella, Coordinador de proyectos, Dina Luz Cogollo, Vocal, Natan Guzmán, Vocal, Nataly Barazarte, Directora de proyectos madres cabeza de familia y Adulto Mayor, Ada Luz julio, Instructora de peinados y trenzas, Amalfi Castro, Coordinadora Proyectos Barrio Villa Melisa, Raima Quiñones, Coordinador Proyectos Barrio los recuerdos, y Colectivo Juventud Sur.