Menos cemento, más sensibilidad social

Menos cemento, más sensibilidad social

Por:  Adolfo José Pastrana

Haciendo un tour por Montería, en una buseta de Metro Sinú, desde el barrio Los Garzones que es el sector más norte de la ciudad, hasta el barrio Furatena el sector más sur; poder disfrutar de ese túnel de árboles que forman los orejeros sembrados en la avenida hasta el barrio El Recreo, maravillados quedamos al ver ese paisaje natural que remata con un exuberante centro comercial, y con la arquitectura de un hermoso y ostentoso sector llamado “el Miami de Colombia” por la Revista Semana; siguiendo esa ruta hacia el centro nos damos cuenta del crecimiento comercial y urbanístico de la ciudad.

Vivimos en una ciudad hermosa, diciendo la verdad, pues sin ser turística se ha alcanzado unos niveles de progreso bastante reconocido. En esa ruta atravesamos la ciudad y llegamos hasta la XXI Brigada del ejército, aquí se remata con un parque lineal hermoso que la comunidad lo está destruyendo por falta de cultura ciudadana; en esta ruta el micro-bus gira a la izquierda y se dirige a los barrio Santander – Pastrana Borrero y preguntamos qué pasó? donde están las avenidas, los parques lineales, los edificios suntuosos y los vehículos de alta gama? Pues el cambio que vemos es total; niños descalzos en la calle, basuras tiradas en cualquier lugar, canales de aguas negras llenos de desperdicios plásticos, calles sin pavimentar, viviendas no dignas para la calidad de vida de las personas y me vuelvo a preguntar será que esta es otra Montería?; esta pregunta la hago, no porque no hallan vehículos de alta gama, ni edificios suntuosos, sino por la ausencia total de la administración municipal, será que los habitantes de este sector no votaron por Marcos Daniel que los tiene tan abandonados; tantas preguntas que saltan en una ciudad tan milimétricamente estratificada.

Sigo en la ruta y me doy cuenta de la falta de formación en conciencia ciudadana de sus habitantes, al ver tanto desorden vehicular encabezado por las moto – taxistas, pues en un alto número viven en el sur de la ciudad, y que pasó de un problema laboral a un problema social, llegamos hasta la intersección de la carrera nueve y nos dirigimos hacia Furatena, pero la ciudad de los contrastes no para aquí, volvemos y nos encontramos con tres conjuntos de apartamentos hermosos, son la Gloria I, II y III; aquí confluye la improvisación y falta de previsión al ubicar personas maravillosas pero con costumbres arraigadas que van a influir en la convivencia grupal, pues estas personas pasan por decirlo así de su hábitat natural (Canales de Nueva esperanza, Sierra Chiquita, Playa Brígida, desplazados por el conflicto y de otras zonas tradicionalmente vulnerables) a vivir en un conjunto cerrado y ajustándose a las normas de la ley 675 de 2001, que regula la propiedad horizontal en Colombia, que locura quitarle las costumbres y hábitos de toda una vida de 1.600 familias. Ya casi llegamos y aunque La Gloria sea un conjunto residencial hermoso lo que sigue es de no creer, las calles del barrio La esperanza es un solo lodazal, con casas con paredes de cartón, madera y hasta plástico y es triste ver como hay personas comprando

agua porque este servicio es deficiente o no llega, los niños se quitan los zapatos para poder llegar al colegio pues el sector de Villa Paz donde el Colegio Manuel Ruiz, es un pantano cuando llueve, andamos unos metros más arriba y llegamos a Furatena, para nuestro asombro el ver que la calle principal esta pavimentada a un solo carril, este es el país de las cosas absurdas lo que se refleja aquí; se acabó la plata, no alcanzó o se la robaron, pues ese es el común denominador de los gobernantes en este país; y vuelve la pregunta los habitantes de este sector tampoco votaron por Marcos Daniel?.

Al bajarnos del bus reflexionamos acerca de la ciudad donde vivimos, porque al norte todo es progreso, belleza y crecimiento urbanístico desaforado, y al sur abandono e insensibilidad social; ojalá que el próximo alcalde que se elige en octubre, antes de posesionarse compare los sufragios de las mesas de votación ubicadas en el club campestre y colegio Valle Grande, y luego compare con los votos del colegio Manuel Ruiz, Seminario Juan XXIII, o colegio Policarpa y se dé cuenta que los que lo eligieron no viven en el norte; los que eligen al alcalde y gobernador viven en el sur, y no compran sus ropas en los Centros Comerciales, no andan en vehículos de alta gama, no salen a trotar a los parques lineales, andan en moto taxis, en bicicletas o a pié, no tienen sus negocios en Alamedas, Lo Nuestro o Buenavista, tiene sus negocios en la calle, en las aceras de sus casas tal vez ocupando el espacio público, en sus triciclos llevando de calle en calle la yuca, el plátano o el producto que este en oferta en el mercadito del sur.

Señor alcalde el progreso de un pueblo no se puede medir por los metros de pavimento de sus calles; sino por la cultura ciudadana y la sensibilidad social de sus habitantes, y esto se logra educando al pueblo trazando políticas que mitiguen las necesidades básicas de sus habitantes, llevándole servicios públicos esenciales, capacitándola en temas de convivencia ciudadana, una ciudad amable no se puede medir por el número parques que se le construya sino por el número de jóvenes recuperado de las drogas y la delincuencia a través de un trabajo de reconstrucción del tejido social; el próximo alcalde de la ciudad debe estar comprometido no con más cemento y andenes sino con más sensibilidad y cultura ciudadana.