Más allá de un patatús

Por: Ramiro Guzmán Arteaga

El desmayo sufrido por el senador del Centro Democrático José Obdulio Gaviria y los primeros auxilios ofrecido por su contradictor ideológico del partido Farc ,Julián Gallo, debe analizarse más allá del hecho mismo. Es un suceso que tiene una significación mucho más profunda y en todo caso no debe ser interpretado desde el hecho de cuál de los dos es más o menos humano que el otro. Tampoco desde el abordaje de quienes piensan que el uno representa la ultraderecha y el otro proviene del terrorismo.

Los dos, Obdulio y Gallo, por encima de cualquier ideología política son seres humanos que pueden tener puntos de encuentro en medio de una sociedad en conflicto, y ese comportamiento debe ser la lección que ambos deben dejarle al país, una de las formas de educar a ésta Colombia embarcada desde hace dos siglos en una guerra fratricida; es precisamente la actitud que en determinado momento y en ciertas circunstancias deben asumir sus líderes políticos e ideológicos para que generen impactos positivos en la opinión pública. Debo confesar que los primero auxilios ofrecidos por Julián Gallo a José Obdulio me llevó a cambiar la imagen que tenía de ambos pero en especial de José Obdulio.

Es evidente de que aquí aplica aquello que nos enseñaron los abuelos de que “el ejemplo enseña”. En una ocasión anterior escuché decir a Gustavo Petro en una manifestación pública en Montería que sueña con el día en que sus hijos y nietos se abracen con los hijos y nietos de Mancuso. Ese día también me impacté ante tamañas declaraciones, pero las asimilé, no es fácil. Creo con una seguridad absoluta que en éste país todas las familias han resultado afectadas por la violencia, a mí las Farc me secuestró a un hermano y a una cuñada durante la época aciaga de las pescas milagrosas y ese hecho, ni a mi hermano ni a mi familia, nos ha llevado a tenerle un odio cerval a quienes hoy se encuentran en el senado en representación de ese antiguo movimiento guerrillero.

Lo otro, sin que esto sea una justificación, es que la actitud del senador Julián Gallo, de una u otra manera, nos lleva a inferir que la preparación y el concepto de lo que es el conflicto interno (que algunos llaman guerra) que tenía la dirigencia de las Farc, no era simplemente el de unos terroristas de trabuco en un país subdesarrollado, sino que el cambio de mentalidad obliga a pensar que, más allá de un grupo al margen de la ley, terrorista si se quiere, había una guerrilla que era consecuencia de una cantidad de circunstancias sociales.

Y que además, mucho más allá, fenómenos como la subversión, el narcotráfico, la corrupción, la delincuencia común, son producto de una sociedad en descomposición, de una sociedad enferma, que nada de esto surge por capricho; además, tampoco son caprichos las protestas de los estudiantes, de los indígenas, el paro de los docentes; todo esto es consecuencia de la falta de diálogo oportuno y de los reiterados incumplimiento de los gobiernos (léase bien: los gobiernos); en fin producto de una sociedad decadente, por lo que se requieren con urgencia cambios profundos en lo social, lo económico, lo político y en la justicia. Situaciones que ponen de manifiesto que nuestra sociedad urgen de una verdadera solución pacífica, antes de que sea demasiado tarde y se nos venga encima una revolución violenta, o una revolución tipo Venezuela o Cuba, lo cual sería repetir la historia en otro contexto, y es lo que hay que evitar.

Por eso, el ejemplo de José Obdulio Gaviria y Julián Gallo, debe llevarnos a reflexionar en el sentido de que ha valido la pena el proceso de paz y que antes de volverlo añicos, como muchos quieren, o de aplicarle tuercas, tornillos y torniquetes que le impidan seguir adelante, hacia una paz cierta y duradera, lo que se necesita es comprender que en este país cabemos todos.

Comunicador Social-Periodista, Mg en educación, docente de la Universidad del Sinú Elías Bechara Zainúm

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