Los niños en cruz ¿ verdad o mentira ?

Los niños en cruz ¿ verdad o mentira ?

¡Los niños en cruz!, algunos lo hemos escuchado desde que existimos, pero muchos no sabemos si es verdad o no. Es como decir “yo no creo en Brujas pero de que la hay las hay;. En ese mismo contexto están muchos mitos y leyendas de nuestra tierra caribe, que rondan a través de los tiempos contados por nuestros antepasados.

 

Para poder entender un poco sobre los Niños en Cruz, hay que buscar un poco de aquí y de ya, porque las versiones e historias distintas existen, pero buscando en san google encontré lo que se cree que son estos “animalitos” por llamarlo de alguna manera.

 

Los llamados ‘Niños en Cruz’ vienen de la santería.
En Cuba fabrican unos amuletos hechos de plomo o de madera que tienen grabadas una cruz y sobre ella la figura de un niño.
Tiene raíces africanas, especialmente del Zaire, Ruanda y Mozambique.
Los africanos hacían estos amuletos en piedra, pero era un tipo de piedra porosa como la piedra pomez y que es fácilmente maniobrable.
En Colombia y las Antillas, así como en el Brasil, los ‘Niños en Cruz’ se usan como amuleto para proteger a los hijos, y están hechos de hierro, cobre, oro y plata.
Según las creencias de la santería, evitan el mal de ojo e ‘impide que la gente perversa les roben el alma o el espíritu’ a los niños.

 

Según cuenta los que saben que Los Niños en cruz deben colocarse en época de semana santa sobre todo los días jueves o viernes santo, otras de las hipótesis de lo que son “angelitos Protectores,” también se conocen en el mundo del esoterismo como la seguranza que le realiza un brujo a una persona a través de cruces tatuadas en la espalda y en las extremidades del cuerpo para aumentar, supuestamente, la fortaleza física y para no morir en situaciones de peligro extremo; por ello, los delincuentes son los clientes más asiduos.

 

Este hechizo se inicia con siete ‘baños’ previos al tatuaje: el mentol, las hierbas amargas, las hierbas dulces, el hielo picado y las esencias son los ingredientes de estos ‘cocteles’ que se vierten sobre el cuerpo mientras el brujo realiza sus conjuros. Se realiza en varias sesiones, y el último se efectúa en el mar.

 

Esta es una de las experiencias que vivieron algunas personas en la zona caribe de Colombia. “Cuando nosotros llegamos al mar, el ‘iluminado’ nos dijo ‘bueno, listo, cámbiense’, y bueno, todos nos cambiamos, teníamos que meternos con doble ropa, una debajo —con la que nos quedábamos— y la de arriba, que había que botar. El señor se quedó sentado frente al mar a orar, no sé qué oraciones haría porque no lo oíamos; entonces, después él dijo que ya todos estábamos listos. ‘Entren ustedes de espaldas, que yo entro de frente porque no pueden ver lo que se les viene encima’…

 

Yo me quedé, no quise seguir. Cuando ellos entraron (el brujo y sus tres hijos) el agua les daba más o menos por los pechos, y de un momento a otro el mar se enfureció de tal manera que los tapaba, yo ni los alcanzaba a ver, eso duró como 10 minutos o más… después el mar bajó, bajó, bajó y quedó como un río, quedó quietecito”, relata una joven que se estaba asegurando.

 

Aquel Jueves Santo cumplirían con el último paso: el sacrificio de la sangre de la gallina negra.

 

“Eso es horrible, le mochan la cabeza y ese animal empieza a retorcerse ahí, y en un vaso recogen la sangre que le sale del pescuezo; el ‘iluminado’ le hace varias oraciones, y después me lo tomé rapidito, con asco”, dice un participante del conjuro.

 

María es una quiromántica que vive en Soledad (Atlántico) y tiene 10 años de haberse tatuado el ‘Niño en cruz’. Ella afirma haber obtenido beneficios.

 

María es una ex bruja que era experta en este tipo de a seguranzas y ahora pertenece a una congregación cristiana. En la actualidad tiene el firme propósito de hacer que muchos —como ella— dejen la hechicería.

 

Uno de los puntos por los cuales despierta curiosidad el ‘Niño en cruz’ es porque crea una falsa ilusión a la persona que ataca a un ‘cruzado’. “Un hermano mío que lo tiene en los brazos y las piernas fue atacado por cuatro agentes de la Sijín que le dispararon en el piso, lo echaban de un lado para otro y no le entró ni una bala”, afirma la quiromántica.

 

María María dice que este asunto hay que asumirlo con seriedad porque las consecuencias pueden ser nefastas. “Los espíritus a los que queda atada la persona son los que le dan la fuerza bruta y crean una falsa realidad. Pobre de aquel que tiene el ‘Niño en cruz’, porque está condenado, que se arrepienta”, aconseja la cristiana.

 

Para María Uribe, esta seguranza no tiene nada de malo porque está sustentada en las oraciones de la Biblia, los Salmos 91 y 121 y las historias de Sansón y el Rey David. Muy contrario es lo que piensa María, quien afirma que todas esas oraciones de la Biblia son utilizadas por los brujos para engañar, que utilizar la sangre de gallina negra es un acto que contradice lo divino, que los pactos con Dios no son así, que el hecho de utilizar espíritus como la corte africana, las tres potencias venezolanas y la santería son actividades oscuras que niegan a Dios.

 

Explica María que este rito se llama así porque los brujos se averiguan en los cementerios los nombres de los niños que murieron sin ser bautizados para hacer sus fechorías.

 

“Ellos utilizan los jueves y viernes santos para hacer estos trabajos, porque en esos días Satanás creyó ganar, pero la resurrección de nuestro Señor lo derrotó; los 33 velones que se colocan son los 33 años de Jesucristo, pero lo que no sabe la gente es que la posición en la que va la persona cuando le están abriendo el aura representa la negación del Cristo, es decir, con la cabeza hacia abajo”, concluyó con vehemencia María.

 

Esta creencia sostiene que es difícil que alguien ‘asegurado’ sea víctima de una bala: “Es peligroso que el enemigo sepa que uno tiene el ‘Niño en cruz’, porque puede marcar la bala con una cruz, ahí sí le puede hacer daño. La única contra que hay es marcar la bala, el garrote o la navaja con una cruz. Yo conozco la historia de un ratero que se pudrió por dentro porque no podía morir, pero entonces vino un hermano mío, le llevó un sacerdote, él se confesó y le pidió perdón a Dios y pudo descansar en paz, porque en verdad que por bala no muere, a él le dieron como 15 balazos y él no moría, olía horrible. Él hacía sus robos y no lo veían, se metía en las casas, pero pagó porque él lo usó para el mal. Todo tiene un precio, todo en la vida se paga, él murió en su ley”.
Finalmente, ambas Marías convergen en el peligro al que se expone una persona al solicitar los servicios de un brujo; lo más curioso es que las siguientes palabras salgan de María Uribe, quien se dedica a este tipo de prácticas esotéricas.
“También la persona que acude a un enviado o iluminado debe tener mucho tacto, mucho cuidado, porque hay muchas personas que pactan con el señor de abajo… inclusive hay personas que con la lectura de cartas pactan a la persona”.
Fantasía o no, el ‘Niño en cruz’ goza de un ritual cargado de una simbología rica y coherente, que hace parte de las tradiciones populares del Caribe y captura la atención de todo tipo de mentes.