LOS ACCIDENTES Y EL ESPACIO

Por: José Luis Otero Urango

Los accidentes, incluidos los de tránsito y los caseros, han sido desde siempre motivo de preocupación y estudio por muchos inquietos en este tema. Diríamos que, de manera ligera categorizamos a los accidentes en los prevenibles y que se circunscriben al actuar humano, como los de tránsito, los caseros, los laborales y los que ocurren en el ámbito campesino; y, los accidentes que no pueden ser controlados y que se salen del contexto de la persona como son los naturales, tales como inundaciones, caídas de árboles y de rayos, aludes y avalanchas, erupciones volcánicas, entre otros.

Refiriéndonos a los accidentes prevenibles por el ser humano, esta connotación de “prevenibles” nos conduce a calificarlos como no accidentes, sino eventos desgraciados ocurridos por la propia negligencia de quien no tuvo las precauciones requeridas para evitar que ese suceso ocurriera, negligencia nacida, quizá, por la estrechez mental que no permite visionar los resultados perturbadores que pueden derivarse al adoptar determinada actitud en el proceder. En este caso estamos hablando del llamado “efecto mariposa” que plantea de manera acertada que la más mínima alteración en el funcionamiento de un sistema, puede fácilmente dar como resultado consecuencias perturbadoras muy lamentables.

Comúnmente se dice que los accidentes de tránsito suceden por fallas mecánicas o humanas. Consideramos que sólo existen las fallas humanas, pues la parte mecánica de un vehículo la atienden los humanos, luego entonces son estos los responsables de esas fallas mecánicas. Los accidentes caseros como quemaduras, electrocutamientos, envenenamientos, caídas en escaleras y en el baño, ahogamientos de niños y niñas en recipientes con agua, cortaduras, golpes y luxaciones, son frecuentes y se producen por meros descuidos y faltas de previsión sobre lo que puede pasar a partir de situaciones concretas. Incluso se habla de accidentes sexuales, como los que se presentan cuando una persona termina contagiada por una enfermedad de tipo venéreo, incluyendo al V.I.H. y que, en términos generales, son efectos de no analizar con sumo cuidado las variables de la causalidad. En el contexto laboral, además de las caídas trágicas de alturas, son muchos los accidentes y que le dan vida dinámica a las ARL.

Una revisión minuciosa a todos los acontecimientos aciagos que mencionamos en el párrafo anterior, nos lleva a detallar las dos principales causas implícitas para que se presenten. La primera, es la falaz creencia de que “eso le pasa es a otro”, “yo soy sagaz y no me puede pasar”, “eso le ocurre a los tontos y yo soy inteligente” y otras aseveraciones que no pasan de ser imbéciles mamarrachadas y que se originan por la carencia de un acertado proyecto de vida al que no fueron inducidos para construirlo desde su primera infancia. La segunda, muy relacionada con la primera y tiene que ver con la misma ausencia del adiestramiento en la práctica de principios de cultura ciudadana desde la niñez, con el cual se le enseñara a los niños y niñas a respetar el espacio de los demás. Si analizamos con detenimiento la cuestión del espacio, es más relevante de lo que nos imaginamos y no se le da la importancia que amerita.

La mayoría de los accidentes de tránsito se dan porque uno de los conductores de los vehículos implicados en el siniestro, invadió el espacio del otro y se produjo el choque. En el hogar todos los accidentes caseros se producen por no acondicionar debidamente los espacios para la movilidad en familia, para la ubicación correcta en sitios adecuados de aquellos elementos que pueden ser peligrosos, sobre todo para niños y niñas y adultos mayores. En la escuela, bastantes actos de indisciplina y que, posiblemente, terminen en accidentes, pasan por no señalar los espacios para cada estudiante dentro del aula y que se le garantice su espacio mínimo vital escolar con una correcta distribución y posiciones de sillas. En los sitios de trabajo, igual, el uso del espacio de labores es fundamental, además de la educación en riesgos.

Una de las características de los humanos es que nacemos totalmente desvalidos, indefensos y, debido al largo período de crecimiento, en relación con la mayoría de los animales, es más que imprescindible, la dedicación continua que debemos tener con niños y niñas para que ante todo desarrollen el sentido de la prevención y el respeto. Esto es posible con la sensatez obligada que proporciona la educación en cultura ciudadana.

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