Lenguaje y realidad

Lenguaje y realidad

Por: Nelson Castillo Pérez

Recibir un dinero como préstamo y no pagarlo, no significa que el dinero recibido no haya sido un préstamo. La morosidad del beneficiario no lo convierte automáticamente en donación. Y es posible que, desde otra perspectiva, el prestamista haya remitido el dinero en calidad de préstamo y el beneficiario, sin preguntar, lo haya recibido como donación. Todo eso y mucho más puede suceder en el mundo del lenguaje humano, un escenario donde caben tantas cosas, la vida, las distintas formas de verla y sentirla.

No estar de acuerdo con una medida no quiere decir que estemos en contra de los derechos de los demás. Se trata solo de un punto de vista personal, que frente a la suma de otros distintos al mío no cuenta en la toma de una decisión democrática. Incluso haber participado en la aprobación de una medida a pesar de no estar de acuerdo con ella no indica ningún grado de incoherencia, solo es sumarse a una mayoría que quizás interprete con mayor precisión el querer de los demás. Si a alguien no le gusta una determinación, es porque contrasta con sus sentimientos estéticos y sus principios éticos, y sumarse al grueso de otros criterios no indica que el miembro de un cuerpo colegiado haya modificado su pensar y su modo de sentir. Solo ha interpretado el querer de los demás, que pueden estar en oposición a sus criterios, lo cual no significa ni mucho menos que los otros tengan la razón. En las democracias suele suceder.

El pregón de la campaña del candidato presidencial Gustavo Petro que anunciaba darles educación superior gratis a todos los estudiantes universitarios, no fue una demagogia ni encerraba el absurdo de indicar que todos los jóvenes deben ir a la universidad. El sentido de la propuesta de gobierno es que la educación superior es gratis, obviamente, para todos los jóvenes que decidan ingresar a las universidades públicas, que por ser gratis no implica que sea obligatoria.

Plantear estos matices no constituye un ejercicio de agudeza mental, pero sí un reproche frente a aquellos que fungen de orientadores de la sociedad y resulta que, al igual que el grueso de la población que pretenden orientar hacia una transformación que conlleve el bienestar de todos, incurren en el error de generalizar y confundir a los demás, ya sea por ignorancia o cálculo político.

Las diferencias surgen cuando los conceptos se miran al trasluz. Cuando al analizar los hechos, se hila delgado. La vida se entreteje de sutilezas como estas a pesar de que es usual que los usuarios de la lengua miren los conceptos de manera roma, grosso modo. La realidad está comprendida en el lenguaje, y es matizada de acuerdo con el tamiz del pensamiento, que es lenguaje.