Las humanidades, la idiosincrasia, y el fracaso total de la educación

Las humanidades, la idiosincrasia, y el fracaso total de la educación

Por: LUIS FERNANDO LÓPEZ NORIEGA

 
Después de leer dos columnas de opinión, coincidentes ambas sobre la tesis general del fracaso de nuestro sistema educativo, recordé aquella lectura idealista, y por demás está decirlo: ingenua, que hice junto con mis estudiantes de licenciatura de ese libro tan preciado: Sin Fines de Lucro. La importancia de las humanidades en la educación, de Martha C. Nussbaum, una de las filósofas más reconocidas en el mundo de las letras y el pensamiento contemporáneos.

 

 
Esta autora norteamericana, en ese librito, evalúa dos sistemas educativos: uno que prioriza el uso de las tecnologías, apremiado por la idea del progreso macroeconómico, y que olvida las dinámicas que se gestan en la base de la pirámide social; y el otro, el opuesto, que surge de la esencia de una educación basada en la importancia de las humanidades y el arte para el desarrollo intelectual, especialmente de los niños que más tarde se convertirán en los nuevos líderes mundiales.

 

 
Debo decir que mi lectura ingenua e idealista de ese entonces, tal vez incentivada por ese pensamiento candoroso consistente en que todo profesor tiene en sus manos la posibilidad de cambiar su entorno más inmediato a través de su cátedra, dejaba a un lado el hecho también cierto de que existe un factor muy importante que media aquí: la idiosincrasia. Ese rasgo genético de la cultura nuestra que nos determina como seres ubicados en una geografía y por unas fronteras imaginarias que a su vez nos condicionan.

 

 
Martha C. Nussbaum no se equivoca al otorgar una fortaleza suprema a los pueblos que confieren mayor importancia a una educación en valores a través del arte y la argumentación. Pero, y aquí es donde está el meollo de toda esta discusión, también hay que decir que no todos los seres de este mundo argumentamos, y obviamente, pensamos de la misma manera. Porque en la mitad de todo este proceso se encuentra nuestra idiosincrasia.

 

 

 
Así que, los dos prestigiosos columnistas de dos diarios igualmente prestigiosos del país, tienen razón al decir que nuestro sistema educativo es un fracaso total. Pero presiento que las razones que esgrimen para defender esta tesis, basándose por ejemplo en los resultados de una prueba tan generalizante como bizca a la hora de evaluar las diferencias regionales y culturales: las pruebas PISA, son razones que caen nuevamente en el lugar común de la brecha abismal que existe entre los centros de poder, en este caso la capital del país Bogotá, y las provincias regionales.

 

 
Otra vez, y para concluir esta columna, surge en la discusión la pregunta esencial aquí: y ¿qué pasa con nuestra idiosincrasia?