LA AUTORÍA EN EL FOLCLOR: EL MITO DE ALEJANDRO RAMÍREZ

LA AUTORÍA EN EL FOLCLOR: EL MITO DE ALEJANDRO RAMÍREZ

Por: Roberto Yances Torres

Segunda parte

De la anotación anterior, se colige que Alejandro Ramírez sí participó en la creación colectiva de varios porros, pero no como exclusivo, principal o único autor, al final, la autoría correspondía a la banda y a todos los músicos, y en representación de la banda autora, ¿quién debía firmar al momento de grabar? ¿Uno de los músicos? ¿O el director? Aquí me viene el punto suelto que vamos a empalmar: Alejandro Ramírez era hijo de paisa, comerciante y cercano a juzgados, “tinterillo”. ¿Olió que podía fungir como autor y aspirar a regalías y a la fama inmortal, desplazando al grupo, a la banda? Es más, sin la oposición del director ni del resto de la banda, pues era casi un Paternina más, (cuñado, mucho tiempo). El Primo Paternina nunca se imaginó las repercusiones que traería el permitir (si así fue) que Alejandro Ramírez hiciera trámite legal como autor. O en el momento de grabar dijera que él era el autor de los porros. No quiero imaginarme que lo hizo subrepticiamente. Se podría inferir también una gran contradicción entre el comportamiento tímido del campesino tradicional sinuano, cordobés y el comportamiento “avispado” del descendiente paisa que sí sabía los beneficios de aparecer como único autor sin la oposición de sus cuñados y parientes Paternina. Es más, todos esos porros también debieron recibir el aporte de los maestros que llegaron a San Pelayo, en cuanto a pulir las creaciones de varios miembros de la banda. En algunos casos, para la historia, se perdieron los procesos de la elaboración de esas obras musicales. Toda la literatura, música, arte, en los comienzos son creación colectiva sin autor personalizado. “Este porro (María Varilla) compuesto probablemente por Paternina, Ramírez y Garcés, era el que ella prefería sobre los otros porros” (Orlando Fals Borda, 1979). Aquí apreciamos cómo Fals Borda plantea la creación colectiva de los primeros porros. Y es fácilmente comprensible, sobre todo en los comienzos de la estructuración del Porro como nueva propuesta musical del Caribe colombiano con elementos cubanos, de las gaitas y de los aires existentes. Me imagino esos ensayos donde las iniciativas, ideas, luego de muchas prácticas, se convertirían en los famosos porros clásicos. En la primera banda aprendieron a leer partituras, lo cual facilitó la conservación y difusión de los primeros porros.

En “Con Bombos y Platillos”, páginas 71 a 73, se transcribe parte de la entrevista del periodista Juan Quintero Villalba a Primo Paternina, quien al preguntarle por la autoría del porro María Varilla, respondió: “Ese señor Ramírez era guitarrista. Llegó a San Pelayo y se casó con una prima mía. Enviudó al poco tiempo y repitió la dosis con otra Paternina. Cuando nosotros, o sea todos mis familiares, estábamos organizando eso que hoy se conoce como Bandas Pelayeras, le enseñamos a tocar instrumentos de viento. Su afición por la música lo llevó a compartir con nosotros la creación rítmica del porro “María Varilla” del cual él se apropió sin que nadie lo impidiera, porque entre los músicos no existe el egoísmo de los políticos ni de los ganaderos, y por eso le cedimos su autoría total, quizás, pensando en el adagio de que “entre músicos no se cobra serenata…” En esta entrevista, Primo Paternina enfatiza en su predominancia como autor de los porros La Mona Carolina, El Binde y Soy Pelayero. Pero William Fortich no le da ninguna importancia a las afirmaciones de Primo Paternina (a pesar de un diálogo William-Primo, donde el segundo le dice que es autor de Soy Pelayero y La Mona Carolina), y prosigue insistiendo en que el hijo de un paisa, Alejandro Ramírez, es el más grande compositor de porros del Sinú. Es más, pone en boca de Julio Paternina (final página 72), hermano menor de Primo, un párrafo no muy coherente, donde Julio Paternina, tal vez quiso decir que a excepción de María Varilla y el Porro Viejo, los demás nombres de los porros los inventó Alejandro Ramírez, pero se lee “ya que los demás porros los inventó Alejandro Ramírez”. El también investigador Julio Paternina Noble, entrevistó a Julio Paternina Olivero sobre este punto, quien desmintió a William Fortich.

En la página 285 de Con Bombos y Platillos, se hace una afirmación demasiado arriesgada: “Nos atrevemos a afirmar que solamente músicos con ciertos conocimientos en gramática musical como Pablo Garcés y Alejandro Ramírez fueron capaces de producir porros como María Varilla, El Pájaro y fandangos como Fandango Viejo Pelayero”. ¿La creatividad innata no existe? Entonces, ¿es imposible que “Cualquier” músico componga una obra de calidad? Afirmación que merece un mayor análisis. Pero si eso fuera así, ¿Por qué no incluye en la lista a Primo Paternina que también recibió las mismas clases de los maestros de música que llegaron a San Pelayo? ¿Por qué Orlando Fals Borda sí incluye a Primo Paternina?

En la página 272, del mismo libro, William Fortich afirma: “Las bandas tradicionales de Córdoba y Sucre son en realidad, talleres para la creación colectiva, a pesar de que se destaquen los compositores individuales. Estos aportan incompletas ideas musicales que luego desarrolla y perfecciona la banda en los ensayos”. Esta afirmación coherente es contradictoria con lo que escribe en otro párrafo donde se refiere a Alejandro Ramírez como autor sobresaliente de los porros. Y en el conversatorio del Festival del Porro 2018 enfatiza que un “cachaco” (o hijo de cachaco), es el autor de los tradicionales porros pelayeros.

Afirmo, entonces, que las creaciones fundacionales que estructuraron los porros clásicos, fueron creación colectiva, donde Primo Paternina pudo ser el mayor aportante, (por algo era el director), sin desconocer que, de pronto, en El Pájaro, Alejandro Ramírez “al escuchar el canto de un pájaro” (si no fue otra ficción), se le forjó la inspiración inicial, pero, enseguida, el grupo, la banda era la que hacía el trabajo completo. Y en ese período histórico –tres primeras décadas del siglo XX-, sólo la creación colectiva, el taller colectivo en la primera banda constituída, con la valiosa colaboración de los maestros de otras zonas, entregaron el porro y las grandes composiciones a las generaciones que siguieron, generaciones que han sabido preservarlo y continuarlo.

CONCLUSIONES.

Luego de repasar los libros El músico de Banda, de Alberto Alzate, Con Bombos y Platillos, de William Fortich, Antecedentes del Porro Pelayero, de Jesús Paternina, entrevistas, apuntes y opiniones, entre otros, de Miguel Emiro Naranjo, Orlando Fals Borda, llegué a las siguientes conclusiones:

1. Los grandes porros tradicionales: Maria Varilla, Soy Pelayero, La Mona Carolina, El Binde, El Pájaro, Porro Viejo Pelayero, Fandango Viejo, El Pilón, El Sapo Viejo… son producto de la creatividad (individual-colectiva) y de la dinámica del taller realizado por la primera banda, Ribana, en San Pelayo. Donde aportaron en su orden Primo Paternina, Pablo Garcés, Alejandro Ramírez, y los demás miembros. Todos son autores. La banda Ribana, aunque no exista, generó la creación de esa cantidad de sobresalientes porros y puede dársele calidad de autoría, además, se reivindicaría el esfuerzo de esos artistas populares.

2. Alejandro Ramírez Ayazo, no fue el autor principal y menos el único autor, de los famosos porros tradicionales, porque no hay documentos comprobatorios que lo demuestren, porque no continuó su compromiso musical como proyecto de vida, al dedicarse a otras actividades mejor remuneradas. De pronto, pudo ser el principal autor en El Pájaro, pero nunca en los demás, donde, cuando mucho, aportó un porcentaje menor. Así, desde mi modesto punto de vista, se desmorona el mito de Alejandro Ramírez Ayazo.

3. Su olfato paisa, de buen comerciante de “cantinas, fondas, y además, tinterillo” (Juan Santana), pudo llevar a crear el ambiente favorable para que Alejandro Ramírez Ayazo, apareciera, en nombre de la banda como autor ante Discos Fuentes, pero un contrato de regalías tampoco es prueba definitiva de autoría, menos en esa época. Pero sabía que le aportarían sus pesos. A los demás autores no les importó. Aquí se recomprueba la relación del campesino cordobés tradicional-músico, con el paisa, colono-tinterillo-comerciante

4. Propongo efectuar foros, conversatorios, con la asistencia de investigadores. Periodistas, músicos, y demás interesados de la región, con el tema Autoría en el Folclor, a fin de seguir dilucidando estos importantes aspectos.