La amistad, el verdadero amigo

La amistad, el verdadero amigo

Por: Eusebio Canabal Salazar

 

En el momento menos esperado cualquiera puede tener un tropiezo económico o caer en desgracia, producto de las dificultades de la vida. Cuando se tiene poder económico, social y político, se vanagloria uno de sus muy buenas relaciones y de sus muy buenos amigos, incluyendo familia, y que seguramente lo ayudarán en un momento crucial, pero la realidad cotidiana muestra otra cosa, en esos momentos de pena los muy buenos amigos se desvanecen y quedan sólo vestigios de ellos.

La vida está llena de obstáculos en todo el recorrido que hacemos lo mortales en nuestro sinuoso existir; por lo general, cada vez que superamos un escollo no tarda en aparecer otro, pero superable mediante una verdadera fe, lucha constante y ayuda de los muy pocos amigos que quedan, pero amigos. Las angustias, los sufrimientos, y dificultades en un momento dado no son solo adversidades o castigos merecidos o inmerecidos que sufren algunas personas en la vida; estos se pueden convertir en experiencias que nos fortalecerán y nos ayudarán a superar problemas que se puedan presentar en un futuro incierto. No queriendo decir con esto, que hay que sufrir siempre desventuras para poder triunfar en este mundo atiborrado de egoísmos, injurias, e ingratitudes, y en donde no existe un auténtico valor a la amistad. Bienaventuradas las personas que no han tenido dificultades o tropiezos a lo largo de su existencia, traten de no tenerlas nunca jamás porque son muy dolorosas, tristes, solitarias e humillantes.

La amistad es un valor necesario que debe existir en todas sus dimensiones en una sociedad cualquiera. En la vida todo es pasajero, pero los verdaderos amigos son permanentes, aunque recibas a veces frustraciones con sabor amargo de alguno de ellos, nunca se deben perder, sino recordarlos como lo que son y serán siempre a lo largo de tu vida. Por eso, hay que darle trascendencia y forma real a la amistad e incorporaría a nuestra existencia diaria; acordándonos de los amigos en los momentos difíciles de su vivir, y así, evitando que las lágrimas interminables de la ‘Princesa Ipunú’ hagan rebosar de resentimiento este bello río llamado amistad, por un caudal lleno de dolor, tristezas, decepciones, engaños e ingratitud. Debemos rodearnos de sinceros y auténticos amigos, no triviales; que no se desbaraten con cualquier ventarrón de verano.

El verdadero amigo es como un hermano, a quien puedes pedirle ayuda sin miedo, sin sonrojo, pero si, con franqueza. El auténtico amigo sabe ayudarte en los momentos difíciles de la vida, te aconseja y no lastima tu dolor. Le da valor a tu comportamiento, conocimiento, lealtad y energía para que vuelvas a levantarte, y así poder renacer como lo hizo el ave fénix. Supieran los viejos y nuevos amigos tanto en lo social como en lo político cuán difícil que es pedir un favor, condicionado a que te digan que no.

Creo no estar equivocado, para no tener mis propios cargos de conciencia que me agobien el resto de mi días, siempre seguiré sosteniendo que los amigos verdaderos si existen. En consecuencia, hay que pensar en la amistad como símbolo de la apoteosis de la generosidad, algo sin el cual el ser humano no lograría serlo de veras.

 

 

Definitivamente no se puede engañar ni ilusionar a las personas, menos a los amigos que le han jugado con lealtad. El verdadero amigo es el que se da cuenta de las penurias del amigo sin necesidad que este se lo diga.