¿HASTA CUANDO?

Por: Andrés Calle

Lo que viene sucediendo en Puerto Libertador, Montelíbano, San José de Uré y otros municipios del sur de Córdoba, podría titularse como las “Crónicas de un desplazamiento anunciado”; hace muchos meses se avisaba a los cuatro vientos que estaba sucediendo en el territorio, pero notamos que el gobierno nacional no tiene oídos en algunos casos, mientras que la crisis humanitaria de Venezuela se lleva toda la atención del primer mandatario, el sur de Córdoba esta sumido en el desespero y desesperanza.

La Defensoría del Pueblo, de manera precisa describió como se presentan algunos escenarios de riesgos en muchos de los corregimientos y veredas de estos tres municipios, y emitió varias alertas tempranas con el fin de alertar a las autoridades competentes a realizar acciones adecuadas para proteger los derechos humanos de las poblaciones civiles afectadas.

Las realidades del territorio desde noviembre del año 2018 han sido muy alarmantes, homicidios en los cacos urbanos, en el rural también de forma continua y que elevo las cifras en el caso de San José de Ure en un 1.473%. Lo que sin dudas prende las alarmas pero esto no fue suficiente para llevar una articulación entre las diferentes entidades y poder prevenir lo que al final iba a suceder un desplazamiento a gran escala.

Fueron 774 familias afectadas, unas 2245 personas que tuvieron que salir entre niños, niñas y adolecentes, personas de tercera edad, mujeres en estado de embarazo y comunidades indígenas, dejar todo en sus veredas para hoy día estar confinados en un colegio y varios cambuches que construyeron de forma rápida e inesperada para tener como soportar el sol y la lluvia, con la esperanza casi muerta de un gobierno nacional que no responde a las necesidades de calamidad en que se encuentran y mucho menos con la esperanza de un retorno tranquilo a sus hogares.

La lucha del control sobre el territorio entre las autodefensas gaitanistas de Colombia y el frente Virgilio Peralta (Caparrapos) hoy desata el miedo, desplazamiento y muerte de una subregión que ha sabido aguantar los embates del conflicto, pero que hoy en día duele mas que antes, ya que después de la esperanza de un proceso de paz, la población se lleno de ilusiones y de esperanza a vivir sus territorios sin que ningún tercero perturbaba su tranquilidad, pero una vez mas nos equivocamos, estamos en un territorio prestado donde los dueños son las bandas criminales quienes son un para-estado en este territorio.

Seguramente, nuevas confrontaciones vendrán por parte de estos y otros grupos ilegales, la bendición de nacer y vivir en un territorio fértil en riqueza minera, tierras fértiles, y geográficamente ubicados para el trafico de coca y otros productos, hoy nos juegan una mala pasada, vivir casi condenados en el miedo y la zozobra. Hoy son 774 familias las que salieron de sus territorios, pero la verdadera pregunta es ¿HASTA CUANDO?.

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