Fuera de contexto

Por: Nelson Castillo

La idea de matar no es igual al acto de matar, y no se justifica bajo ningún punto de vista. Concebir la idea de matar, que es lo que en términos generales hacen los asesinos en serie y los delincuentes comunes, y cometer el acto de matar, lo que hacen aquellos que asumen el papel de mesías de la humanidad, son dos cosas distintas. Pero cuando se comete el nefasto y terrible acto de matar, este adquiere características específicas sobre las que los analistas, que pueden ser los violentólogos, hacen resaltar sus análisis, sus matices.

Por supuesto, no es igual matar para enriquecerse que hacerlo para que la humanidad viva mejor. Y hacer la diferencia pertinente no es igual a justificar el acto de matar. La realidad admite la significación que el lenguaje le asigna. A veces pienso que la realidad es el lenguaje, la conceptualización que llevamos por dentro; y que la realidad cobra los matices que el lenguaje perfila.

Matar para salvar la humanidad fue la tesis central que defendió Raskolnikov en un artículo publicado en la prensa y que a la larga se convirtió en el primer indicio para que el detective investigador en la novela «Crimen y castigo» construyera su sospecha sobre él como el virtual asesino de la usurera y su hermana.

Según Raskolnikov, que era un estudiante de derecho con muchas necesidades económicas, existían dos clases de personas: aquellas a las que se les estaba permitido matar para salvar a la humanidad, como Napoleón; y otras, a las que no se les estaba permitido. En su fuero interno, él se creía con el derecho de matar. Investido de esta enceguecedora idea, dominado por esa fijación, obcecado, urdió el macabro plan de matar con un hacha a la usurera, una mujer mezquina que se valía de la necesidad de los más menesterosos, como él, para enriquecerse. Una persona como esa, según su tesis, debía morir para salvar a la humanidad de sus garras.

La inutilidad del doble crimen, pues debió matar con la misma arma a la hermana de la usurera en vista de que ella apareció de manera imprevista en la escena del crimen, hizo que Raskolnikov sufriera una visible crisis de arrepentimiento, que a la postre lo llevó a confesar los crímenes ante la justicia, pero después de haberlo hecho ante Sonia. Raskolnikov veía en Sonia un lazo de aproximación. Ella también se había equivocado, se prostituyó para salvar de la pobreza a sus padres. Al igual que él, fracasó.

Su prostitución no le había servido para alcanzar el objetivo propuesto.

Alrededor de esta tesis jurídica, más o menos, matar para salvar la humanidad no es igual a matar con fines de enriquecerse, hablaron para un programa audiovisual Carlos Gaviria y Álvaro Uribe Vélez. De esta conversación fue extraída la frase de Uribe. Sí la dijo. Pero, en honor a la verdad, fue sacada de su contexto lingüístico.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*