En defensa de Macondo

Por: Nelson Castillo Pérez

El grado de atraso político de Colombia se desencadena desde su capital. Su actual alcalde fue capaz de reversar el proyecto del metro subterráneo, cuyos estudios técnicos de factibilidad costaron millones de dólares, con tal de no darle crédito a su antecesor, a quien odia por cuestiones ideológicas. En contravía de las leyes y del mismo sentido común, está a punto de cumplir sus caprichos incomprendidos.

Los habitantes capitalinos y los dirigentes políticos afectos al alcalde no dicen ni pío a fin de no agraviarlo y no satisfacer al anterior.

Es lo que se llama anteponer los asuntos personales ante el bien común, que es lo que copia el resto del país. «Si lo hacen en Bogotá, ¿por qué no aquí?”, es la licencia que reciben las regiones.

En Lorica, por ejemplo, aún se observan con impiedad ruinas millonarias de la obra que un alcalde empezó, sin que ningún organismo de control, hasta ahora, se haya pronunciado al respecto, con todo el poder corruptor que esa desidia conlleva. Sin duda, lo que se ve es lo que se aprende.

Un partido político, cuna del anterior presidente de la República, es decir, el anterior partido de gobierno, decidió abandonar a cambio de quién sabe qué beneficio las banderas políticas que apoyó y defendió durante ocho años, entre ellas los acuerdos de paz, esencia del apenas saliente presidente, para respaldar al actual y convertirse en partido de gobierno, es decir, en contra de las anteriores políticas que apoyó y defendió a capa y espada durante ocho años de gobierno. Increíble. Pues convertirse en partido de gobierno quiere decir estar de acuerdo con todos los proyectos que el presidente presenta ante el poder legislativo, entre ellos aquellos que modifican las políticas del anterior gobierno.

Oposición, entre paréntesis, tampoco puede significar estar en contra de todo lo que promueva el gobierno de turno. Álvaro Gómez Hurtado hablaba de una oposición reflexiva, con lo cual, me imagino, quería decir que no se puede estar gratuitamente en contra de todas las políticas del gobierno. Una oposición reflexiva apoya las políticas que favorecen al desarrollo del país y se opone con firmes y enérgicos argumentos a las que van en contra del bienestar social.

No puede decirse que cosas como estas sean macondianas, porque en Macondo no es que los personajes actúen bajo un manto de estupidez, como se cree folclóricamente. Macondo es un mundo mítico en virtud de la cultura a la luz de la cual sus personajes ven y sienten la vida. Es un realismo mágico donde todo es posible porque sus habitantes así lo creen. Se trata de una cultura híbrida que construyó un universo desmesurado donde suceden cosas extraordinarias, como las cartas de encargo que recibió Amaranta en la víspera de su muerte para llevársela a los muertos. Macondo, para decirlo de una vez, representa la cultura del Caribe colombiano que García Márquez vivió en su infancia. Dejémonos de llamar macondianas las barrabasadas que cometen los políticos colombianos.

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