El Gran viejo Rada

El Gran viejo Rada

Por: Ramiro Guzmán

Barrio la Pradera: Murió en Barranquilla Miguel Ángel Rada. El Viejo Rada. El Mike. Veterano exfutbolista y profesor pensionado. Era uno de los personajes que ya hace parte de la memoria histórica del barrio La Pradera y de la historia del fútbol en Montería. Un hombre que tenía la virtud de caerle bien a la gente desde el primer momento en que se le veía y desde que se le escucha hablar.

La noticia de que el viejo Rada había muerto la recibí a través de las redes sociales. En las vacaciones de semana santa le había brindado una cerveza en «La tienda de Francia», un punto de encuentro y de diálogo constructivo entre amigos, ubicado en La Pradera. «Gracias viejo Guzma pero estoy en tratamiento. Ya habrá tiempo mi hermano», me dijo en su acostumbrado tono original, de gente chévere. Entonces lo puse a que me hablara de fútbol, pero no desde donde lo hacen los fanáticos, sino desde la estrategia sobre la cancha, de lo que hay que hacer cuando se tiene el balón en los pies y al marcador de frente, de cómo hay que hacer para que el balón suba y baje de repente y se meta en el arco. Y el viejo Rada me explicó, como se le explica a los niños para que comprendan un juego. Y una vez más comprobé que era una delicia escucharlo, un genio del diálogo, no solo porque había sido futbolista, sino porque hablaba de fútbol sin fanatismo, sin odios ni rencores, sin amarguras ni exclusiones. Sin querer aniquilar, aunque fuera simbólicamente, a su contradictor. No. El viejo Rada no era de los fanáticos que dan rienda suelta a instintos agresivos.

Hombre de abierto y franco sentido de la amistad. «Hermano págame la moto que voy a jugar», nos decía sin tapujos, imprimiéndole a las palabras el sentido humano de las personas que caen bien. Pedía el favor con la misma espontaneidad con la que pedía una tanda de cerveza por cuenta de él. Hablaba mientras movía sus ojillos inquietos, propios de quien es capaz de inventarse cualquier disparate, con el balón o si él, mientras tomaba una cerveza helada después de un partido de fútbol en la villa olímpica. Sí, cuando jugaba en el equipo de rodillones al lado de Cesar Barrera y los caleños dueños del restaurante Rancho Grande, en donde era el consentido entre sus compañeros por ser el goleador.

Siempre he pensado que personajes como el viejo Rada, con ese abierto y franco sentido de la amistad y del humor, cuando mueren, que para nosotros es como si se hubiera ido de vacaciones, se les convierten a Dios en un problema de marca mayor, porque ya me lo imagino diciéndole: «bueno ya me tienes aquí, si eso es lo que querías, y ahora dime qué vas hacer conmigo porque yo necesito saberlo».

En la Pradera cada persona debe tener su propio recuerdo y anécdota del viejo Rada. Un ícono de los buenos. Descansa en paz viejo Rada, que ya habrá tiempo para tomarnos, en “La tienda de Francia”, la próxima cerveza a nombre tuyo, mientras te recordamos mamando gallo, y hasta esperanzado en que de pronto te aparezcas con una sonrisa de oreja a oreja, moviendo tus ojillos de un lado para otro, satisfecho de habernos hecho una nueva gambeta. Abrazos mi hermano donde quiera que te encuentres.