El golpe de Estado y el arma de las noticias lacrimógenas

El golpe de Estado y el arma de las noticias lacrimógenas

Por: Ramiro Guzmán Arteaga

En medio de la crisis por la que evidentemente atraviesa Venezuela la gran derrotada ha sido la verdad, y ha quedado demostrado que la verdad existe desde la lupa ideológica desde la que se le mire. Primero fue la “ayuda humanitaria” con la que los medios de comunicación pretendieron hacerle creer a la opinión pública que el gobierno venezolano en cabeza de Nicolás

Maduro era inhumano, y ésta semana el tema fue las jornadas de protesta, que tenían más un propósito golpistas, y que los noticieros apoyaron, con noticias cargadas de tensión agitadora, ideologización permanente, consignas mágicas, propagandismo triunfalista a favor de la derecha, y por tanto falseamiento y desinformación.

En ambos casos los medios de comunicación de occidente, entre los cuales los más representativos en Colombia son Caracol y RCN Televisión, han hecho de sus transmisiones verdaderos editoriales disfrazados de noticias con sentido humano. Se centran solo en mostrar escenas conmovedoras, tanquetas que atropellan a quienes protestan, informes de los migrantes que reclaman el retorno a la democracia, personas que frente a la cámara lloran por “la escasez de alimentos y medicamentos”; en fin, los noticieros han hecho de la crisis y la migración un excelente tema para elevar su audiencia tanto en radio como en televisión.

No podría pensarse que se han olvidado de investigar, contar y explicar en profundidad los hechos en todo su contexto, porque ellos saben muy bien que la naturaleza del reportaje es la investigación en profundidad de los hechos y no la simple espectacularidad. Efectivamente, el manejo informativo de éstos noticieros es calculado y sistemáticamente manipulado en favor de una ideología de extrema derecha. Desde luego que no se trata de que los beneficios informativos sean a favor de la izquierda ortodoxa, pues sería caer en el otro extremo.

Los directores de los noticieros, quienes obedecen a un poder económico que los sostiene y por tanto les guían las agendas informativas, saben muy bien que más allá de las historias cargadas de lágrimas y de las historias conmovedoras, debe primar la contextualización histórica y social de los hechos que han provocado la crisis en Venezuela. Pero premeditadamente no lo ponen en práctica. Eso no les interesa, no solo porque no vende la noticia, sino porque no está acorde con la ideología y la política que soportan los noticieros. Desde luego que toda noticia debe tener sentido humano, pero también un contexto mínimo indispensable (CMI). Sin embargo, lo que hacen los noticieros en Colombia es inclinar la balanza solamente hacia lo que para ellos es, aparentemente, el “sentido humano” y el “estar del lado de la gente”, cuando no es otra cosa que el sensacionalismo y amarillismo en su pura esencia.

Lo que hemos visto en el manejo informativo de los canales RCN y Caracol Televisión, en la crisis de Venezuela, no son más que noticias cargadas de una exagerada abstracción ideológica en favor de la derecha y una desmedida ideologización informativa. Existe en los noticieros una obsesiva y apasionada pretensión en contra de Maduro y por tanto un desprecio por la lógica y la verdad histórica. Noticieros que pretenden construir en el imaginario colectivo la idea de poseer la verdad absoluta. Y ese estilo ha impregnado a gran parte de la opinión pública; de tal forma que ese totalitarismo informativo contra el gobierno venezolano se repite aquí y allá, por todas partes. Y haciendo creer que el que no está conectado con esa “verdad” está desinformado, es ignorado o visto como un “animal raro”, es lo que en comunicación social se conoce como la “Teoría del Espiral Invisible”, algo así como ser ignorado porque no caminas por el mismo sendero que lo hace todo el mundo. O como dicen los jóvenes “estar fuera del parche”, aunque estar adentro sea estar dentro de un mundo mentiroso.

(*) Comunicador Social Periodista, Mg en Educación, docente de la Universidad del Sinú Elías Bechara Zainúm.