El diccionario ante la ley

El diccionario ante la ley

Por: Nelson Castillo Pérez

El diccionario, elogiado y utilizado en nuestras clases de literatura (labor que debe ser extensiva a otras asignaturas) para que los estudiantes se convenzan sin vacilación de su gran importancia, constituye el primer texto al que nos remite por necesidad inmediata la lectura y el análisis de la obra literaria, porque en el modelo pedagógico que utilizamos en el desarrollo de nuestras clases, la obra literaria, cuya principal función consiste en satisfacer el sentimiento estético del lector, que en principio viene a ser el mismo autor, se convierte en el epicentro del conocimiento. Es ella la que envía a la consulta de otros libros, a otras fuentes, y no a lo contrario, como suele hacerse en los análisis literarios tradicionales. Una clase de cualquier asignatura, dijo Sábato, puede desarrollarse a partir de una obra literaria.

Es ahí, en los diccionarios, donde se condensa la cultura de la humanidad y se precisa el conocimiento (esto lo he reiterado en diferentes contextos para que no se olvide–la coherencia es monotemática, reiterativa). Si en algo incide la imprecisión de los conceptos, es en el caos de la sociedad.

Lo anterior para referirme al fallo de tutela que obliga a Petro a rectificar sus declaraciones en contra del senador Uribe. A rectificar, y no a retractarse, pues el verbo «retractar» significa «revocar expresamente lo que se ha dicho, desdecirse de ello», que fue a lo que la Iglesia del siglo XV obligó a Galileo a hacer, so pena de ser quemado vivo, cuando dijo que la tierra giraba en torno del sol, y no al revés, como lo dice la Biblia.

Porque lo primero que hizo Petro, dicho por él mismo, antes de acatar el fallo de tutela que lo obliga a rectificar un concepto expresado a través de una cadena radial en contra de un expresidente de la República, fue acudir al diccionario y luego a la jurisprudencia. En rigor, nadie puede retractarse de aquello que representa la conclusión de una ardua investigación. Ni nadie comete delito si expresa sus íntimas convicciones, porque si tú estás convencido de lo que dices, basado en pruebas, aunque la ley no se haya encargado de ello, no incurres en calumnia.

En efecto, después de consultar el Diccionario de la Real Academia, Petro rectifica su opinión respecto de Uribe a través de la radio, en cumplimiento del mandato de la tutela, y lo que hace es ser más exacto en su concepto, precisar su opinión del pasado, basada en una investigación que realizó como senador en el año 2007, porque rectificar, que viene del latín rectific¬are (rectus= recto) significa, en su principal acepción, «reducir algo a la exactitud que debe tener».

Para muchos, quizás hasta para el juez que lo obligó a rectificar, lo que hizo Petro fue ratificarse. Y es que rectificar es de alguna manera ratificarse en lo que se dijo, pero con exactitud. He ahí la importancia de los diccionarios. Nos sirven hasta para defendernos ante la ley, que es altiva.