Editorial

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Gran alboroto se ha armado en la costa cordobesa, con la aprobación de Licencia Ambiental para un puerto en el corregimiento de Puerto Bello en la Bahía de Cispatá, por parte de la Corporación de los valles de Sinú y San Jorge C.V.S. Nos gusta la participación de las comunidades, que no traguen entero, que no se dejen imponer decisiones en muchos casos, organizadas por sus propios jefes políticos.

  

  

Es un deber de las comunidades esculcar, para que no pase lo que en otros proyectos, como en el Páramo de Santurbán y otros minero-energéticos donde las altas cortes han intervenido y tomado decisiones para defender a las comunidades. Estos frentes comunes son necesarios para poder explotar recursos responsablemente, de manera que generen ingresos y bienestar a las comunidades y además a toda la nación, para que los dineros lleguen hasta las zonas más apartadas y no terminen en manos de los agentes de la corrupción sin escrúpulos, a los que no les importa que mueran niños de hambre en La Guajira, ni en el Bronx de Bogotá, embrutecidos por la droga. Pero no estamos de acuerdo con una oposición cerrada, sin argumentos. Analicemos los pro y los contras, construyamos un espacio para un desarrollo sostenible, que permita que responsablemente se genere empleo y riqueza.
  

  

LA OTRA OPINIÓN recomienda a nuestros gobernantes, no sólo pensar en el Puerto sino ir más allá, ser ambiciosos, como lo ha sostenido el Gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, que casi convertido en un lobo solitario, ha propuesto la interconexión férrea de nuestras costas con sus puertos. Somos una gran despensa alimentaria que ha vivido a espaldas del mar. Compartimos los temores de nuestros dirigentes de la costa, pero hay que atreverse a explorar nuevas líneas de desarrollo, SIN PERDER DE VISTA EL OBJETIVO PARA EL QUE FUERON ELEGIDOS.