Editorial: Una extraña carta

Editorial: Una extraña carta

No cabe duda de que los Presidentes Santos y Uribe son dos personajes especiales que ya tienen ganado un espacio en la historia colombiana. Uribe, el Presidente que paró la triunfal carrera militar de las FARC, el Presidente que más golpes en toda la historia de las FARC les dio, golpes contundentes, y que le enseñó a Colombia a creer en sus fuerzas militares.

 

 

 

Pasamos de la impotencia a una nueva realidad militar, que le permitió a la gente volver a las carreteras y permitió la llegada de inversionistas extranjeros, realidad que acabó con los secuestros masivos y con ver encumbrados en su propio ego a personajes como ‘Romaña’ y el ‘Mono Jojoy’. Fue la terquedad de Uribe y su energía sin comparación, que le proyectó a nuestras fuerzas militares, lo que demostró que sí se podía y lo logró.

 

 

 

Nadie le puede quitar a Uribe lo bailado. Pero llega Santos, sin ser el uribista número uno surge como ese delfín de la guerra, General victorioso que al igual que Uribe podría sacar rédito de los mismos operativos de los que se vanagloriaba su jefe.

 

 

 

Es al interior del uribismo donde se da una lucha interna por el poder, en la que claramente sacó ventaja Santos, apoyado por dirigentes con plena incidencia en las decisiones del ex Presidente Uribe.

 

 

 

Nos decía en reciente entrevista a TRANSLACOSTA el Senador José Obdulio Gaviria, que él ya se había arrepentido y como buen católico había hecho su acto de contrición por ese apoyo que le dio a Santos al interior del uribismo.

 

 

 

Pero Santos no se detiene, saca de su estómago un viejo anhelo de lograr un proceso pacificador para Colombia, tomando elementos y programas que no figuraban en su programa ‘continuista’ de la seguridad democrática. El resto lo conoce el País: el distanciamiento, la llegada al Gobierno de contradictores de Uribe y el giro hacia unos diálogos con las FARC, el mismo grupo que asesinó al padre de Uribe y a la que, en honor a la verdad, Uribe tenía arrinconada. Santos ha hecho agrios comentarios sobre el Presidente Uribe, no se ha guardado nada.

 

 

 

¿Por qué pensar que ahora sería diferente? ¿Esto obedece a una preconcebida agenda internacional para restarle credibilidad al expresidente en su tarea opositora? ¿Acaso con la sola firma de lo pactado en La Habana, se podía pensar en un reversazo del Centro Democrático, renunciando a sus banderas anti – FARC?

 

 

 

Nos parece que el Presidente se equivocó, a este sancocho no le faltan ingredientes uribistas, es mejor una oposición con la claridad de lo que quiere y lo que busca y no un tenderete amorfo que nadie sabe para dónde va al que llaman ‘Unidad Nacional’. Vistas así las cosas, nos vamos a encontrar con una campaña fuerte en pro y en contra el plebiscito. Sólo esperamos que existan las garantías para ejercer la oposición, para que el triunfo o la derrota sean inobjetables y permita, sobre el mismo, crear otros canales de entendimiento. Esta carta aportó y creó más incertidumbre que entendimiento.