Editorial: La hora del Plebiscito

Editorial: La hora del Plebiscito

Estamos muy cerca de unas elecciones donde se juega gran parte del futuro del país. Somos un País emotivo, hoy se ha disparado en las encuestas la alta  favorabilidad de la gente por el sí, esperemos que esta sea una contienda donde impere el debate de las ideas y no termine en un baño de sangre, en medio de protestas sociales que empañen la búsqueda de la paz. La oposición del Centro Democrático, pide garantías y que el estado no utilice dineros que terminen desequilibrando la contienda. Se habla que habrá mermelada por montones, que Ordaz de políticos llenos de plata, van a recorrer veredas y pueblos llevando el «mensaje» del Gobierno.  Creemos que esta oportunidad única del pueblo colombiano, como en ningún otro periodo a estado de un » cacho » solo que el mismo Gobierno tiene que hacer una real pedagogía, donde se entreguen uno por uno los puntos que se acordaron, que se hagan encuentros en los departamentos llevando la información, que se utilicen las Redes Sociales, la Radio, Televisión,  y la Prensa escrita, que no se escatime esfuerzo para que los colombianos sepamos que se firmó en la Habana.

 

 

 

El País ha tenido paciencia Presidente, se han presentado incidentes que han puesto a prueba este proceso,  la FARC  tienen que dejar su postura cínica e insensata y pendenciera, que creen que los colombianos estamos a prueba de todo y de paso tener que soportarles sus mentiras.

 

 

 

Queremos la paz con una verdad hasta donde se pueda lo más sincera. Sabemos que va ser grande la impunidad, y parece ser que ese es el costo que vamos a pagar los colombianos. A la oposición la necesitamos, es nuestro polo a tierra, aunque también a veces desentone y eso hay que entenderlo. Es nada más y nada menos un ex de su entorno, el Presidente Santos que apartándose de la política guerrerista, da un timonazo y plantea apenas elegido en su primer Gobierno una política de la paz negociada.

 

 

 

Santos está escribiendo su epitafio todavía para la historia, ese cincel que en sus manos temblorosas empuña le faltan muchas cosas por escribir.

 

 

Foto Colprensa