Don. JOSE ACEVEDO Y GOMEZ Y LA INDEPENDENCIA DE LA NUEVA GRANADA DEL 20 JULIO DEL 1810

Por: JAIRO RAFAEL ENCINALES LEÓN

ACEVEDO Y GOMEZ, fue el hombre del 20 de Julio del 1810, de un hecho extraordinariamente nuevo dentro de una situación seguramente invariada. El lleno de la entera jornada inmortal con su actividad y su palabra. Con él colaboraron tres o cuatro docenas de hombres insignes, que habrían de ser más tarde mártires de la libertad, en la persecución, en la confiscación, en la infamia, en el exilio y el cadalso o grandes en la guerra y las labores del Estado; su labor fue secundada decisivamente por el concurso iluminado de preclaras damas; el pueblo lo acompañó y lo siguió con lealtad súbita y eléctrica.

Pero él fue la figura central Incontrastablemente rectora, del primer día día de la patria. Ese día se hizo lo que él dijo, aun, en ciertos, momentos, contra la obvia sensibilidad colectiva. Y estas cosas que él promovía las ejecutaban hombres de todas las categorías y educaciones. Las ejecutaban hombres como el Virrey, depositario, de la sacra autoridad del imperio, y rodeado por el aparato de la fuerza pública frente a la indiada inerme; hombres como Camilo Torres y Francisco José de Caldas, para no citar, sino

a los dos protagonistas intelectuales de la jornada; hombres como el, capitán Antonio Baraya, comandante de las tropas reales, que más adelante habría de mostrar cuál era su temple de soldado; hombres como ciertos miembros del Capitulo Metropolitano, dominadores de la vida y de la jerarquía, espirituales de la épica; hombres, en fin, como un estudiante cualquiera, por ejemplo como el jovenzuelo Francisco de Paula Santander, el futuro héroe máximo de la guerra, creador de la nacionalidad y legislador de la democracia que a la voz de Acevedo corrió del claustro de las leyes a enrolarse en las milicias improvisadas.

Acevedo y Gómez, en su cabeza clara cabían y se ordenaban los elementos característicos de la situación que venía creándose; en su puño seguro retenía las palancas de dirección de hombres y hechos, en su corazón generoso había tal simpatía por el factor humano en cuyo beneficio se conducía la insurrección, que cada palabra suya tenía esa elocuencia arrebatadora que solo alcanzaban los individuos de una sinceridad sin reticencias, su carácter, sobre todo, dominaba la situación espiritual, porque en él las gentes advertían que no había posibilidad de retroceso, que ese hombre tenía descontadas de antemano, cualquiera posibles consecuencias de un mal éxito.

Así él captó la importancia del pretexto que dio origen al Inicial tumulto, voló a ponerse en comunicación y coordinación con quienes estaban en capacidad de darle orientación, dirección y prestancia; arengó al pueblo ocho veces durante veinticuatro horas; infundió repentinamente en la multitud el sentimiento de la fuerza y de la soberanía, al conducirlo a que eligiera él mismo sus diputados; impidió, con imprecación imborrable, aquella tendencia al aplazamiento de las responsabilidades, al languidecer de las resoluciones, que en ciertos momentos de larga tensión se apodera repentinamente de los dirigentes, y declaró traidor a quien saliera, del aula

sin saberse instalado el nuevo gobierno, lo instaló él mismo; y entre tanto dio todas las órdenes administrativas que coadyuvaran a la culminación del hecho; y entre tanto dictó, hizo aceptar y firmar, y leyó al público la dilatada acta de la independencia, Carta Magna de Colombia que es un tesoro de sabiduría Política. En aquel documento se relatan; pormenorizadamente los sucesos, desde la proclamación del cabildo abierto, o sea, del acceso del pueblo a deliberación y resolución sobre los asuntos que lo afectan, hasta el juramento de la Junta, Suprema de Gobierno, elegida por los diputados a su vez proclamados por el pueblo; elección de gobernantes por el pueblo mismo refrendada directamente y adicionada con otros nombres.

Allí están consignados los principios básicos de la Constitución del nuevo orden político; afirmación del pueblo como derecho imprescriptible, no delegable a otra persona que a la su augusto, y desgraciado monarca Don Fernando VII (entonces destronado y preso sin expectativas por Napoleón Bonaparte, amo de Europa). Esto es la esencia de lo ocurrido el 20 de Julio del 1810. Don JOSE ACEVEDO Y GÓMEZ, cumplió en forma superabundante y magnifica todos los deberes del hombre y del ciudadano. Su gran cultivo mental le permitió considerar fríamente la elección de un destino trágico, labrárselo y cumplirle hasta el final. Su elogio más conciso y diciente, está en una frase de Caldas, escrita en su diario a raíz del veinte de Julio del 1810; «No debe olvidar, la Patria que Acevedo fue el primero qué arengó al pueblo cuando nuestros, opresores estaban en el solio y empuñaban la espada; él explicó varios derechos sagrados del pueblo, y dijo…… «hoy veinte de Julio del 1810, como hace 209 años, los Colombianos clamamos a la memoria del Precursor de la emancipación Nacional.

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