Diatribas contra las Cortes

Diatribas contra las Cortes

Por: Nelson Castillo

Lanzar diatribas de odio contra las Altas Cortes a causa de un fallo debería ser un delito grave. Frente a un fallo, a lo sumo el derecho de la apelación, pero jamás difamaciones contra instituciones judiciales del Estado, poniendo en tela de juicio la honorabilidad de sus miembros.
El origen de las invectivas proviene del carácter político que se le endilga a la pieza jurídica, resultado de arduas deliberaciones en las que los magistrados se emplean a fondo con lucidez. El derecho es la ciencia de la razón.

¿Cómo así que las Altas Cortes respaldan la criminalidad, como lo aseveró sin pestañear una congresista del partido de gobierno? Afirmar tal temeridad no solo es un irrespeto de grandes proporciones, sino que debería constituir un delito de lesa gravedad, sobre todo cuando viene de alguien que pertenece al poder legislativo, porque todo adquiere el matiz de un atentado contra la democracia, contribuyendo a la destrucción de la institucionalidad.

Los fallos de la rama judicial se acatan, como lo dice el lugar común. Y es lo menos que se puede hacer frente a una sentencia que a lo mejor fue la luz de la sensatez, elaborada sobre los bordes delgados de la responsabilidad jurídica.

Las cosas no serían tan alarmantes si no fuera porque detrás del caso Santrich lo que se respira no es ni mucho menos el deseo de aplicar justicia, sino la flamante intención de poner en riesgo el proceso de paz, que tantas dificultades ha tenido desde su aprobación, empezando por el plebiscito al cual fue sometido inoficiosamente por parte del mismo presidente que lo promovió y lo convirtió en bandera política de su gobierno.

Es ahora la Corte Suprema la que debe dirimir la suerte de Santrich, quien ha dicho con absoluta sinceridad que prefiere suicidarse antes que ser extraditado a los Estados Unidos. Y lo asiste toda la razón. Porque brutal lo que uno imagina de su destino de ser extraditado. Lo condenarían de por vida a padecer sin misericordia el crujir de los años detrás de las rejas de una cárcel de alta seguridad donde de vez en cuando entrará un rayo de sol polvoriento, devastado por la aridez de la desesperanza, hasta el día de su muerte, como lo están haciendo con Simón Trinidad.

Sin embargo, resaltan interrogantes y dudas respecto del juicio que la Corte Suprema emprenderá contra Santrich, pues ¿planear un crimen es un delito, de lo cual Marín, testigo estelar de la justicia de los Estados Unidos, acusa a Santrich? Se trata de un hueso duro de roer para la justicia en este juicio. Por otro lado, la justicia colombiana deberá encontrar y convertir en testigo a la persona que supuestamente le daría las toneladas de cocaína a Santrich para vendérselas a los mexicanos, como asegura Marín en sus declaraciones.

El juicio tropezará con escollos. Ni la sola versión de Marín ni los videos sin audio y sin fechas bastan como material probatorio.