Deterioro de la Justicia

Deterioro de la Justicia

Por: Nelson Castillo Pérez

 

 

Lo peor que puede pasar en una sociedad es naturalizar el grado de corrupción de sus miembros más visibles, que por lo mismo son los que más deberían dar ejemplos de honestidad en el proceso de formación ciudadana, que no solo compete al sistema educativo. Es lo que ha pasado con representantes de los poderes ejecutivo y legislativo.

 

 

 

“Fulano robó en la Alcaldía, pero hizo obras”, se resigna nuestra gente, dándoles licencia a los mandatarios regionales para que esquilmen el erario. Pero no solo en lo que concierne a estas dos ramas del poder público; también, y con mayor riesgo, en cuanto a la rama judicial.

 

 
Cuando la Fiscalía decidió capturar al ganadero Santiago Uribe, hermano del expresidente Uribe Vélez, este expresó que Eduardo Montealegre, fiscal de la nación en aquellos momentos, era su enemigo declarado y que por tal motivo arremetía contra su familia. Pero no solo el expresidente sino también toda la bancada del Centro Democrático rechazó de plano la decisión jurídica de la Fiscalía y al calor de una manifestación pública exigió al unísono la renuncia del presidente Santos, como si este fuera el responsable de la medida, dando a entender con ello que el ejecutivo influye en los asuntos de la rama judicial.

 

 
Cuando Néstor Humberto Martínez asumió el cargo de fiscal general de la nación, muchos dieron por sentado que el caso de Santiago Uribe se archivaría, dada la grande amistad del fiscal con el hoy senador Uribe Vélez. El uribismo exhaló un hondo suspiro de tranquilidad.

 

 
Pero cuando se supo que la Fiscalía tomaba la decisión de acusar a Santiago Uribe, muchos no lo podían creer, increíble, no puede ser, pues a nadie le cabía en la cabeza que el fiscal hubiera permitido semejante decisión siendo tan amigo del expresidente. Incluso desde mucho antes, cuando el actual fiscal permitió dejar al abogado Carlos Iván Mejía frente al caso de Santiago Uribe, empezó el recelo de los uribistas puesto que el fiscal Mejía representaba un rezago de la era de Montealegre y no brindaba, por ende, garantía alguna para los resultados esperados del proceso contra el ganadero antioqueño.

 

 
Con todo lo anterior se siembra en la opinión de los ciudadanos la idea de que en Colombia no existe división de los poderes públicos y que todo es una promiscuidad de intereses políticos y personales, en detrimento de la libertad y confianza de los ciudadanos. Mal hacen los barones en suscitar semejante confusión entre los miembros de la sociedad, generando con ello más pesimismo frente al Estado, sobre todo en lo referente a una de sus instituciones como lo es la justicia, erosionada ya en sí misma por la impunidad reinante.

 

 
El símbolo de la justicia se representa con la balanza y una mujer de ojos vendados. Significa que la justicia, en efecto, es imparcial, se centra en el derecho, en la razón, y no es mediada por la amistad ni por ningún otro interés. La justicia, ciertamente, es ciega. Pero vista la ceguedad desde lo ecuánime, no como falta de lucidez.