¿CADENA PERPETUA O PENA DE MUERTE?

¿CADENA PERPETUA O PENA DE MUERTE?

El atroz crimen que segó la vida de la niña Génesis Rúa Vizcaíno, en el que se conjugaron en su perpetrador, Adolfo Enrique Arrieta García, las más bajas pasiones que puede albergar el alma humana, pues no solo abusó sexualmente de ella, sino que la asesinó asfixiándola y posteriormente incineró su cuerpecito, ha generado una polémica nacional en torno a la sanción que se debe imponer a este tipo de criminales, para castigar su execrable acto de atentar contra un niño o niña indefenso, pero sobre todo, para enviarles un mensaje a quienes se sepan poseedores de estas malsanas inclinaciones sobre lo que está dispuesta a hacer nuestra sociedad para imponerles una ejemplarizante condena.

La mayoría de los que opinan sobre el tema, desde las redes sociales o los medios de comunicación, guiados por la indignación y la ira que estos crímenes generan en todos, proponen como castigo la cadena perpetua para sus autores, para desaparecerlos del panorama de nuestra sociedad, con la intención quizás de calmar su sed de venganza por que asumen la tragedia como si fuera propia y se imaginan que toca a un miembro querido de su familia.

Otros, muchos también, claman por la aprobación de la pena de muerte, convencidos en lo íntimo de su ser que vivimos en una sociedad enferma, una sociedad que está a punto de caer en un situación anárquica que los sociólogos han denominado “Anomia” y que implica una ruptura entre las partes componentes del todo social, debido al relajamiento del orden.

Estas soluciones en realidad no apuntan a construir procesos que garanticen que en su gran mayoría los miembros de la sociedad se van a comportar según los valores que se han establecido para que pueda funcionar y garantizar su propia supervivencia.

De hecho en nuestro país existen las normas que condenan “ejemplarmente” estos crímenes, con penas de cárcel que van hasta los 60 años, sin rebajas de penas, sin prisión domiciliaria y que cercenan casi absolutamente todos los derechos de quienes son condenados por estos horrorosos crímenes, sobre todo si tenemos en cuenta la grave crisis por la que atraviesa nuestro sistema carcelario, que representa en sí mismo una violación a los derechos fundamentales de los ciudadanos.

En otras palabras, estas opiniones continúan proponiendo soluciones que se inscriben en el ámbito de la coerción, sin ser conscientes quizás de que este delito, es apenas la punta del iceberg que nos muestra que si el grado de incumplimiento de las normas sociales alcanza una situación grave, la recuperación del orden social solo se lograría a través de un cambio profundo de sus estructuras.

De manera pues que para que los integrantes de la sociedad se sientan obligados a respetar las normas no basta el temor a ser sancionados o castigados, es necesario que exista el convencimiento de que dichas normas merecen ser acatadas, bien sea por su utilidad, por su justicia o por su adecuación a las expectativas sociales.

Evidentemente, para que este respeto y obediencia se generen en una proporción suficiente se requiere que los sujetos que crean estas normas, y su contenido, gocen de aceptación por los integrantes de la sociedad.

En consecuencia, nos surgen estos interrogantes: Alguna institución colombiana, oficial o privada, ha investigado a profundidad la personalidad de estos asesinos execrables, a analizar en qué entorno fueron criados, cuál fue la relación con sus padres, si es que alguna vez los conocieron y qué oportunidades de estudio o trabajo les ha dado esta sociedad, para tener una idea de donde surgen sus instintos asesinos?

Hemos mirado nosotros con atención las noticias que nos transmiten cada día los medios de comunicación? Somos conscientes de los mensajes sexuales que las llenan y que nos presentan la sexualidad como un proceso de intercambio comercial y el amor como algo que solo existe para los moralistas de los cincuenta y sesenta? Les estamos enseñando acendrados valores éticos y morales a nuestros hijos?.

Por qué castigo te inclinas: ¿cadena perpetua o pena de muerte?