Dawinson, un joven visionario venezolano que halló “ángeles” en Montería

Dawinson, un joven visionario venezolano que halló “ángeles” en Montería

Este joven venezolano, profesional de la dactiloscopia, emigró hacia Colombia en septiembre de 2017. Asegura que al llegar a Montería se topó con personas que se convirtieron en sus amuletos ya que le brindaron la oportunidad de materializar un micro proyecto empresarial, que tenía ideado.

Los días de Dawinson Calderón, de 27 años, profesional de la dactiloscopia, cambiaron en segundos. Este joven venezolano, oriundo de Caracas, huyó de la crisis a tierras colombianas, donde seis meses después de su llegada, fueron el escenario para materializar sus ideas.

En septiembre de 2017, una frase de su esposa habría sido el detonante para que decidiera salir de su país; -¡no tenemos nada que darle a la niña!- exclamó la mujer. A partir de allí inició sus planes para forjar futuro en Colombia. Su situación económica agravó en 2016; él quien admite haber sido simpatizante del chavismo, se unió ese año a las protestas de la oposición venezolana, sin imaginar que eso se volvería en contra suya.

Trabajaba para el SAIME (Servicio Administrativo de Identificación Migración y Extranjería) y cuando allí se enteraron de su participación en las protestas, lo suspendieron del trabajo, sin derecho a sueldo, beneficios médicos e incluso dejó de cotizar para su pensión y jubilación.

Primero se radicó en Valledupar, en donde pasó ocho días durmiendo en la terminal, sin dinero y sin trabajo. En un par de días uno de sus paisanos se comunicó con él y le dijo que viajara hacia Montería, ya que supuestamente tendría trabajo seguro. Sin embargo la sorpresa es que lo que le esperaba era vender paletas de fresa en los semáforos de la ciudad, algo que jamás en su vida había -si quiera- pensado hacer.

Pese a eso y con la autoestima un poco baja, el primer día las vendió todas, después cambió de estrategia y comenzó a limpiar vidrios; esto último se convirtió en la mejor idea que pudo en algún momento tener.

“Ángeles” monterianos que se aparecieron en su camino

En un día de tantos que estaba limpiando vidrios en el semáforo del C.C. Nuestro, sucedió algo que lo sorprendió. “Llegó un carro blanco conducido con una chica muy linda, me acerqué para limpiar el vidrio y ella me hizo señas diciéndome que no, yo lo entendí y me retiré. Después ella como que siguió pasando y me estaba estudiando, un día pasó y me dijo que si podíamos vernos el sábado allí mismo, yo me sorprendí y le dije que sí y así fue, el sábado llegó con su esposo, resultó llamarse Diana y es Psicóloga”.

Precisamente esta profesional de la psicología se convirtió, junto a su esposo, en el amuleto de la buena suerte de Dawinson. Desde ese encuentro, lo frecuentaban, le brindaban ayuda e incluso lo invitaron a su lugar de residencia en la zona norte de Montería, para presentarlo ante sus familiares; algo bueno veían en él. Según Dawinson en reiteradas oportunidades le ofrecieron dinero, pero él se negó a aceptarlo, lo único que pedía es que lo ayudaran a conseguir trabajo para así generar dignamente sus propios ingresos y ayudar a sus dos hijos y a su esposa, que quedaron en Venezuela.

Es por ello que Diana y su esposo, lo recomendaron con el Sr. Julio Gaviria, quien es propietario del restaurante Asados Montería, ubicado en la calle 41, con carrera 10 y de otros establecimientos comerciales de la ciudad.

“Nadie creía en mí, pero yo creí en mí mismo y eso fue suficiente”

Efectivamente el empresario monteriano empleó a Dawinson en el restaurante. Un día lo escuchó hablar con unos amigos sobre un micro proyecto empresarial, que consistía en la fabricación y venta de bocados congelados y fritos, se interesó en el tema y le pidió a Dawinson que le planteara más a fondo la idea. Este lo hizo con la mayor propiedad posible y el hombre se sumó a la iniciativa, tomando el rol de inversionista.

Hasta la fecha se estima que Julio Gaviria haya aportado al proyecto, no menos de $8.000.000, ya que además de haber aportado el capital para la fabricación de los alimentos a vender, proporcionó un inmueble totalmente equipado, situado muy cerca del restaurante, el cual será la vivienda de los integrantes de la micro empresa y el lugar que servirá como depósito de mercancía y lugar de su fabricación.

El proyecto está integrado por 24 venezolanos, entre los cuales se encuentran ocho mujeres. Dawinson contactó a varios de sus paisanos que vivían del comercio informal en las calles de Montería y los añadió a la iniciativa, para no solo darles trabajo, sino también un techo.

Se estima que esta nueva microempresa, la cual contará con registro de comercio, inicie a toda máquina el próximo lunes 16 de abril, solo se espera la entrega de las camisetas que usarán como uniforme y la llegada de 5 de las 8 mujeres, quienes vienen en camino desde Venezuela, y cuyos viáticos de viaje fueron cubiertos por el Sr. Gaviria.

Instalarán ocho puntos en distintos sectores de la ciudad, para vender los fritos y con respecto a los congelados, pretenden venderlos puerta a puerta. El objetivo de este proyecto, de acuerdo a lo dicho por Dawinson, es sacar a los venezolanos de las calles y demostrar que “no todos venimos a delinquir”.

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