Un duro golpe a los cimientos del Proceso de Paz

Un duro golpe a los cimientos del Proceso de Paz

Cuando el eco del sorpresivo viaje de Marlon Marín hacia los Estados Unidos, para asumir su nuevo rol como testigo protegido de la DEA todavía resuena en muchos rincones del país, una nueva información que da cuenta de la decisión de su tío Iván Luciano Márquez Marín de trasladarse temporalmente al Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación de Miravalle, Caquetá, con el mismo sigilo que se guardó con el viaje de su sobrino, estremece los cimientos mismos del Acuerdo de Paz suscrito por el Gobierno del Presidente Santos con las Farc.

Estos dos acontecimientos, sumados a la captura de Jesús Santrich, uno de los negociadores de las Farc, generan una gran incertidumbre frente a un proceso en el que un sector de los colombianos cifró sus esperanzas de lograr definitivamente una salida pacífica y sin mayores traumatismos a un conflicto de más de 50 años y la otra parte lo rechazó por considerar que cargaba a cuestas con un alto grado de impunidad.

Si la captura de Marlon Marín y Jesús Santrich, en cumplimiento de una orden de extradición solicitada por los Estados Unidos, le propinó un duro golpe a la credibilidad del proceso, el impacto fue mayor cuando se supo que Marín además de ser un enlace del narcotráfico con el cartel de Sinaloa, era también gestor de la corrupción que rondaba los multimillonarios contratos del Fondo Especial para la Paz, que se nutre de los recursos que generosamente aportan varias naciones que apoyan el proceso, lo que nos ha dejado muy mal parados a nivel internacional, a pesar de los esfuerzos del Gobierno para minimizar esta mala imagen.

Como si ésta deteriorada imagen no fuera suficiente para acabar prácticamente con la credibilidad del proceso, el jefe negociador de las Farc, Iván Márquez decide trasladarse temporalmente al Caquetá, de forma sigilosa y altamente sospechosa, creando ahora una gran incertidumbre sobre su cumplimiento de los acuerdos y concediéndole la razón a sus críticos.

Los colombianos nos preguntamos ahora, con todo derecho, qué otras sorpresas nos tienen preparadas los máximos dirigentes de las Farc, después de ser descubiertos negociando el tráfico de 10 toneladas de cocaína y de ser sorprendidos arreglando coimas por la entrega de los contratos de la paz. Será que nos espera el asilo de Iván Márquez y otros dirigentes en Cuba o Venezuela, por temor a ser vinculados con estas operaciones de narcotráfico o de clientelismo contractual?

Si bien es cierto que el Acuerdo de Paz goza de un sustento constitucional y legal que garantiza su continuidad, también es muy cierto que su credibilidad ha recibido una herida que lo mantendrá agonizante en la conciencia de los colombianos; y la confianza depositada en sus dirigentes, a quienes el Gobierno premió con 10 curules en el Congreso, ha quedado tan deteriorada que hoy la opinión pública se pregunta si su gestión parlamentaria no añadirá más elementos de corrupción que los que ya arrastra nuestra honorable corporación.