El día “D” ha llegado

El día “D” ha llegado

Mañana domingo cuando se abran las urnas a las 8 de la mañana, empezará a escribirse una nueva historia para Colombia, ya sea para reeditar las páginas escritas desde hace ya casi 50 años cuando el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán nos introdujo en una época de radical violencia partidista, o para empezar a escribir las nuevas páginas que anunciarán la esperanza de la anhelada reconciliación de los colombianos.

Hasta hoy, los mensajes que difunden los dirigentes de los partidos políticos, sus candidatos y sus seguidores por las redes sociales y los medios de comunicación, nos hablan de una polarización de opiniones, estimulada por estrategias que han puesto como fundamento aquella manida frase “el fin justifica los medios” atribuida a Nicolás Maquiavelo, antes que el juicioso análisis de los problemas que aquejan a Colombia para descubrir sus causas y promover las propuestas que procuren las urgentes soluciones que se requieren para garantizar la continuidad de nuestra maltrecha democracia.

Por esta circunstancia es evidente que el clima electoral en Colombia está enrarecido, pero además la reciente confirmación de que la Registraduría Nacional del Estado Civil mete la mano en los escrutinios para disponer, en contra de la voluntad de los colombianos, qué senadores y representantes son elegidos, le agrega un factor más de preocupación a las elecciones de mañana domingo.

Por eso le hacemos un llamado a los colombianos en general, pero particularmente a los cordobeses, para que mañana salgan a votar copiosamente por el candidato de sus preferencias, ese con cuyas propuestas se identifican más, sin poner atención a los memes o a los mensajes que han tratado de desviar su atención de lo que realmente le debe interesar al ciudadano que tiene madurez política: las propuestas contenidas en la agenda legislativa de los aspirantes.

Que salgan en paz, confirmando que el día “D” es el día de las decisiones, pero también el día en que se celebra la fiesta de la democracia. Esta sociedad necesita que así sea para sentirnos, como dijo García Márquez, “con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.